Please log in or register to like posts.
Blog
Tiempo de lectura: 2 minutos

Por siglos hasta el día de hoy sigue siendo un tema  que genera confrontaciones entre  ateos, religiosos, eclesiales, ortodoxos, liberales, teólogos o la gente común como yo.

Es apasionante la batalla e insaciable la búsqueda de respuestas por medio de la discusión, la  investigación, el debate, las preguntas, o simplemente el silencio ante la impotencia de no saber que realmente sucede allá arriba donde deben llegar al menos una de las millones de plegarias que se hacen a cada segundo desde todos los rincones del planeta.

Una sensación de inseguridad nace en el corazón del más devoto y sensible ser humano.  Muchos cuestionan en cuanto a como se hace o cual es la manera correcta y más efectiva para lograrlo.  La humanidad conversa sobre su importancia y ayuda divina en momentos de crisis.  Algunos dicen es complicada y otros dicen que es fácil tener una disciplina, una habitual práctica, y un permanente compromiso con en el ejercicio espiritual llamado La Oración.

Al final todos llegan a una conclusión muy interesante al afirmar que es muy frágil la línea para no caer en desesperación mientras se espera por la segunda parte del proceso: LA RESPUESTA.

El periodista y autor Philip Yancey es una autoridad en el tema, y en su clásica obra literaria “La Oración: ¿Hace alguna diferencia?, nos confronta con las preguntas muy básicas que ha producido nuestra mente en algún momento de nuestra existencia:

  • ¿Está Dios oyendo?
  • ¿Por qué va Dios a preocuparse por mí?
  • Si Dios lo sabe todo, ¿de qué sirve orar?
  • ¿Por qué las respuestas a la oración parecen tan inconsistentes, incluso caprichosas?
  • ¿Cambia la oración a Dios o me cambia a mí?

Cada una de estas preguntas han pasado por mi mente y algunas de ellas las he mencionado hasta en voz alta.  No importa cuántas veces se hable o se genere un foro para poder procesar las interpretaciones de los intelectuales o ver las reacciones de aquellos sin títulos académicos, la realidad es la misma: sigue siendo un misterio y un desafío practicar La Oración.

Para los que aun tenemos luchas internas y demasiadas preguntas sin respuestas al menos Jesucristo ofreció con su vivo ejemplo la importancia de una vida dependiente de La Oración (Juan 17).  Además el Salmo 34 es una evidente manifestación de la Voz divina a la angustia humana que desesperadamente encuentra refugio y descanso en su Presencia.

Como bien aprendí desde niño, ante la duda pregunta y, como dijo Albert Einstein, “no hay preguntas tontas…”.

En medio de nuestra desesperación, problema, situación, decisión vayamos delante de El en oración y esperemos su respuesta  porque en verdad El si puede escuchar (Jeremías 29:11-13).

Reactions

0
0
0
0
0
0
Already reacted for this post.

Deja una respuesta