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Siendo que concursé en el Miss Venezuela, muchos suponen que tengo amplio conocimiento de todo lo que tiene que ver con belleza…pero les confieso un secreto: nunca me creí bella, y si soy totalmente honesta, la mayoría de los días no le presto demasiada atención a mi apariencia física. Concursé, sí; no sólo en el Miss Venezuela, también en el Miss Princesita Venezuela (que viene siendo el Miss Teenager de los Estados Unidos)… ¡y también lo gané! Pero siempre quise tener mis pies sobre la tierra. No niego que como mujer, disfruto de arreglarme bien y verme bonita, pero nunca fue lo más importante para mi. Siempre supe que era más importante lo que irradiamos, lo que transmitimos.

Cuando escogí el título de mi primer artículo para CVC La Voz, lo escogí porque quiero hablar de la belleza que se convierte en un “modelo a seguir”, la belleza única que tenemos cuando nos sentimos plenas, llenas y sabemos el propósito que tenemos en la vida. La belleza que da a la mujer el ser delicada, discreta, prudente, amable, bondadosa y todos los buenos atributos que los seres humanos debemos cultivar. Porque he visto mujeres espectacularmente bellas pero tan llenas de orgullo y amor por sí mismas, que no irradian belleza, incluso, muchos no las ven realmente tan lindas como son por la actitud que adoptan.

Es lindo ser femenina, cuidar la apariencia, pero mas linda te ves cuando irradias paz, cuando tienes la sensibilidad de ayudar a quien lo necesita, cuando estás dispuesta a dar un consejo o decir algo bonito. Cuando piensas primero bien y no como el dicho de “piensa mal y acertarás”. Considero que muchas veces es preferible, al menos para nuestro espíritu, pasar por “inocentes” y no por mal pensadas, injustamente. Dar el beneficio de la duda es una manera de ser justos. No juzgar a priori, pensar bien, entendiendo que cualquiera se puede equivocar y que nadie es perfecto. Evidentemente es diferente pasar faltas de respeto y pasar gestos o acciones que nos hacen con el propósito evidente de molestarnos o hacernos quedar mal. Pero de resto, estar en disposición positiva, armoniosa, es algo que irradia una belleza única. Esa belleza que irradiamos cuando hemos conocido un amor maravilloso, fiel y más constante que cualquier otro, el amor más grande, el de aquel que dio Su vida por nosotros. El amor de Jesús.

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