Crisis de Coronavirus

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Se sorprendían algunas personas que oyen la entrevista de los jueves en CVCLAVOZ porque dije algo extremadamente inusual. Propuse que la Biblia habla a todas las personas, no sólo a nosotros. Por alguna razón, que deberíamos examinar, creemos que fue escrita sólo para los evangélicos. O sólo para los cristianos, si se quiere ser más inclusivo. Pero la clara verdad es que nadie tiene el patrimonio exclusivo de la verdad.

Hubo varias reacciones sobre esta afirmación, curiosamente todas agradables y consideradas. Me vino igual una sospecha un poco malvada. Tal vez eran así porque amamos la corrección política. “Por supuesto que la Biblia es universal”, decimos. Pero, es posible que en nuestro fuero interno y en nuestro círculo íntimo de fe, realmente creamos que es sólo para nosotros.

O que sólo nosotros la entendemos correctamente; que ninguna otra fuente de conocimiento afirma lo que dice nuestro libro.

El Tao según una propuesta de C. S. Lewis

Un libro altamente recomendable, por varias otras razones, pero relacionadas a ésta, es “La abolición del hombre” de C. S. Lewis. Al final del texto, el autor incluye una lista de preceptos y normas de vida social de diversas civilizaciones y épocas. Hay registros de textos egipcios, asirios, hebreos, chinos, de antiguas culturas originarias y cristianos.

Uno puede hallar ahí mandamientos y ordenanzas incluso muy anteriores a la Biblia, algunas contemporáneas y otras posteriores. Hay ciertos registros que aparecen en el libro de los cristianos, pero que han sido escritos por lo menos diez o doce siglos antes.

Esto puede asombrar al creyente menos educado en materias históricas, pero el hecho es auténtico. La Biblia no es el único documento que contiene verdad acerca del hombre y del mundo. Por eso afirmé que, para quienes leen con inteligencia, les queda claro que nadie tiene el patrimonio exclusivo de la verdad. En este sentido es que la Biblia se abre para toda persona, sea creyente o no. Claro, si a la persona le interesa leerla.

Pensamiento y obras humanas con verdad

Esto nos remite a otro punto que ya he destacado aquí. En todos los seres humanos hay el registro del Creador. Por lo tanto, aún si no son creyentes en Dios, NO son un cero, algo sin valor. Este es un concepto que alguien tiene que desafiar.

En todo ser humano hay belleza y hay maldad. Y cuando alguien hace algo bello, está expresando la huella que Dios ha dejado en su persona. Por eso amo toda la música que me parece hermosa, toda la literatura que me parece instructiva o placentera. Es la razón por la que me interesa todo en este mundo y no sólo “lo nuestro”.

Lamento profundamente que tantos cristianos desprecien lo que hacen aquellos que no son “de la fe”. Con esta actitud desconocen la realidad de Dios en todas las cosas. Y de paso, aquellos que no creen, les dan el mismo trato: desprecian lo que los cristianos hacen.

Tal vez sea hora de reflexionar en que nadie tiene el patrimonio exclusivo de la verdad.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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