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La fina línea

Todos en algún momento hablamos de tratar de transmitir el mensaje, el evangelio, pero de una manera más “normal”, “menos religiosa”… pero, ¿quién tiene la medida, las palabras exactas, la “retórica precisa”, quién decide la media, digamos, de lo correcto en ese caso?

Es que ningún extremo es bueno. Hablar de todo lo que tiene que ver con Dios, como algo muy ligero para que sea mejor aceptado por alguien que aún no conoce la verdad, podría ser contraproducente. Es muy diferente decir lo que uno opina, que tratar de transmitir un mensaje de la Biblia haciéndolo más entendible. Eso si está bien… siempre y cuando no se cambie el mensaje.

Para todo debemos tener un balance. Jesús cuando vino, mostró que le molestaba la religiosidad. Otro término sería la hipocresía, ya que eso era lo que sucedía con los saduceos y fariseos. Les encantaba hacer largas oraciones en público para que la gente los admirara, les gustaba estar en los asientos más importantes en los eventos y se jactaban de cumplir con la cantidad de leyes adicionales que ellos mismos agregaron a los diez mandamientos, que de por sí, ya los diez nos cuesta cumplir y Jesús sabía que ellos no los cumplían. Aparte del asunto comercial con los impuestos, las donaciones y tantas cosas que hacían que más bien alejaban a las personas de Dios en lugar de acercarlas.

Él era judío como ellos pero se leía fervorosamente el Antiguo Testamento, especialmente el libro de Isaías y podemos leer allí como Dios les decía:

«¿De qué me sirven sus muchos sacrificios?
—dice el Señor—.
Harto estoy de holocaustos de carneros
y de la grasa de animales engordados;
la sangre de toros, corderos y cabras
no me complace.
¿Por qué vienen a presentarse ante mí?
¿Quién les mandó traer animales
para que pisotearan mis atrios?
No me sigan trayendo vanas ofrendas;
el incienso es para mí una abominación…»

Jesús usó historias para hablar del Reino de Dios y para poner ejemplos de cómo Él quería que fuésemos. Nadie tiene la “fórmula” y nadie tiene por qué criticar las maneras que tengamos de hablar de Jesús y Sus promesas. Por ejemplo, no hay mejor manera de evangelizar, que contando cómo te ha cambiado a ti la vida desde que conociste a Jesús y entablaste una verdadera relación con Él.

 

 


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Eres quien los demás dicen que eres

Estudiosos del comportamiento humano descubrieron que nuestra conducta y autoestima está dictado por nuestra propia predicción de cómo seremos percibidos por los demás. Esto significa que nos amoldamos de acuerdo a cómo creemos que otros nos ven. Y aunque no parezca cierto, esto se ve reflejado en nuestras acciones de la vida diaria e incluso las redes sociales.

Por ejemplo, en redes sociales como Facebook o Instagram podemos parecer divertidos, sociables y relajados. Mientras que en LinkedIn proyectamos una imagen más seria y profesional; y en Pinterest nos vemos más artistas y creativos. Según los estudiosos, todos tenemos varios ≪yo cibernéticos≫: versiones de nosotros mismos que elegimos presentar en internet. Sin embargo, esto no sólo sucede en el mundo virtual sino también en el real.

Por ejemplo, si nos mudamos de ciudad o ingresamos a un nuevo centro de estudios o trabajo, creemos que las personas esperan que actuemos de una forma y hacemos lo posible para cumplir esos estándares. A este fenómeno se le denomina ≪el espejo del yo≫ y lo aplicamos a diario sin darnos cuenta. Los expertos afirman que ≪las personas buscan constantemente crear coherencia entre sus mundos internos y externos y, por lo tanto, continúan percibiendo, ajustándose y luchando por el equilibrio a lo largo de sus vidas≫.

La ventaja de esto es que, por un lado, puede ayudarnos a ser mejores. Sin embargo, por otro, hace que constantemente estemos buscando la aprobación de los demás. Nosotros mismos creamos estándares en base a lo que creemos el resto espera de nosotros, y es así como llegamos a convertirnos en alguien que no somos.

Debemos tener un balance entre el esmero por ser mejores y no perder la esencia de quiénes somos. Caso contrario nunca estaremos satisfechos con nosotros mismos y pasaremos el tiempo intentando complacer las demandas de quienes nos rodean.



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Lesley University. (2019). Perception Is Reality: The Looking-Glass Self. Recuperado el 9 de mayo de 2019, de https://www.zmescience.com/other/offbeat-other/perception-is-reality-the-looking-glass-self/

Instrumentos

Para cumplir su propósito, Ahab debía emplear instrumentos; y de todos los instrumentos que se emplean en este mundo sublunar, los hombres son los que se estropean más pronto

(Herman Melville, Moby Dick)

Conté hace un tiempo que encaré la tarea de leer Ulysses de James Joyce. Leí en el sitio The Conversation que este libro de Herman Melville y el de James Joyce tenían cierta relación:

“…Se han convertido en textos sagrados que el Occidente moderno ha sometido a un extenso escrutinio buscando en ellos su propio secreto.”

Así que empecé Moby Dick y dejé por un rato el Ulysses, aquel inmenso acorazado literario.

 

La primera noción de instrumento la tuve en la iglesia. Los hermanos decían que uno era instrumento en las manos de Dios, que el Señor había tomado a un instrumento para hablar o que miráramos a Jesús, no al instrumento.

Por eso colegí que Dios era el Instrumentista Supremo. Sin embargo, habiendo visto a través de los años que las personas “usadas” solían reflejar muy poco de Su carácter, llegué a abrigar serias dudas de tal oficio.

Quizá sea por lo que dice Ismael – el narrador del libro de Melville: los hombres se estropean muy pronto. La gente digamos, para no contender por asuntos de género.

Pensemos por un instante en el estropicio: puede ser por abuso del empleador, lo cual es bastante frecuente. Sacar el máximo de las personas sin retribuirles adecuadamente es un hecho que se encuentra en los más variados lugares: empresa, partidos políticos, iglesias.

Claro, las cosas se estropean también cuando los instrumentos quieren dar el mínimo y obtener lo máximo. Pero en este caso sus manejadores simplemente los despiden o, usando la analogía de Orwell en 1984, los vaporizan.

Usar la palabra instrumento para referirse a las personas es harto inadecuado. Reduce la personalidad a un recurso que puede ser usado hasta que ya no sirve más. Se puede reparar unas cuantas veces pero finalmente hay que tirarlo.

Las máquinas, las herramientas, los cubiertos y otros utensilios son instrumentos. Las personas son la parte esencial de todo, el quid del asunto.

Pero estamos bastante lejos de los comienzos. El poder y el dinero, movilizados por motivos egoístas (el eje del mal), han diluido la fuerza de las cosas.

Habría que discrepar, ofrecer crítica, rehusarse. Utilizar el instrumento de la protesta. O de la rebeldía si las cosas se ponen difíciles.

No te preocupes…

En el mundo no estaremos libres de enfrentar aflicciones y necesidades, ya sean económicas, de salud, familiares o personales. Por esta razón el Señor nos dejó su Palabra, para que no nos desesperemos sino que descansemos en Él.

 “Por lo tanto, yo les digo: No se preocupen por lo que han de comer o beber para vivir, ni por la ropa que necesitan para el cuerpo. ¿No vale la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa? Miren las aves que vuelan por el aire: no siembran ni cosechan ni guardan la cosecha en graneros; sin embargo, el Padre de ustedes que está en el cielo les da de comer. ¡Y ustedes valen más que las aves!…

Fíjense cómo crecen los lirios del campo: no trabajan ni hilan. Sin embargo, les digo que ni siquiera el rey Salomón, con todo su lujo, se vestía como uno de ellos. Pues si Dios viste así a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, ¡con mayor razón los vestirá a ustedes, gente falta de fe!

Así que no se preocupen, preguntándose: “¿Qué vamos a comer?” o “¿Qué vamos a beber?” o “¿Con qué vamos a vestirnos?” Todas estas cosas son las que preocupan a los paganos, pero ustedes tienen un Padre celestial que ya sabe que las necesitan. Por lo tanto, pongan toda su atención en el reino de los cielos y en hacer lo que es justo ante Dios, y recibirán también todas estas cosas.”  Mateo 6:25-33 (DHH)

¿Tu situación económica es crítica? ¿Estás siendo azotado por alguna enfermedad? ¿Tienes alguna preocupación? El Señor te pide que no te angusties, sino que confíes en Él. Toma como ejemplo las aves del cielo que no viven afligidas pensando qué van a comer o vestir porque su creador conoce sus necesidades.

¿De qué sirve preocuparse? Aunque llores, dejes de comer o dormir, tu problema seguirá del mismo tamaño. Por este motivo te animo a cambiar de estrategia; cierra la puerta de tu habitación y entrégale al Señor tu carga, ten Fe y sonríe porque ya no estarás solo.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El libro fiel

Estoy por concluir los Cuentos de John Cheever, un volumen de casi ochocientas páginas que explora los estereotipos de la cultura de la clase media de los Estados Unidos de la posguerra y hasta entrados los sesenta y revela además las grandezas y miserias de una cultura opulenta que no se alcanza a redimir a sí misma.

Hace unos días me compré el Ulises de James Joyce, otro mamotreto de novecientas páginas, uno de los libros – dicen – más difíciles de leer. Cuando estaba en la universidad uno de mis amigos que estudiaba filosofía lo estaba leyendo y no podía creer que todas esas páginas describían un solo día en la vida de Leopold Bloom.

Y acabo de terminar Chicas bailarinas de Margaret Atwood. Conocí a esta autora canadiense por Los cuentos de la criada, libro que leí por recomendación de un artículo de crítica literaria. Son historias de mujeres en diversos momentos y circunstancias de la vida. Reflejan la soledad, la sensibilidad herida, la mirada crítica al mundo del hombre al que resiente por su penosa condición de referente incompleto.

¿Para qué seguir leyendo tanto libro? ¿De qué sirve todo eso en un mundo que lee cada vez menos y que vive sumergido en la seducción de la audiovisualidad y la obsesión de la red social, esa falsa comunidad como la llama Jeffrey de León?

Para mí hay muchas razones. El libro acompaña en silencio. Está disponible en cualquier momento. No hay que recargarle las baterías y no se hace obsoleto cada dos años. Educa, informa, entretiene. Amplía el universo de la mente y de las palabras. Ahonda en la naturaleza humana y explora lo intrincado de los sentimientos, las mezquindades y las noblezas de la raza.

Notifica a la conciencia de que no todo tiene que ver con la salvación y la vida eterna. Que hay más asuntos en los cuales hay que ocuparse. Confronta nuestra visión del mundo y de la vida y la expone a sus más severos críticos – a ver si somos capaces de explicar qué es lo que no creemos y por qué no lo creemos – materia en la que la mayoría de la gente está reprobada.

Pero sobre todo el libro es fiel. Lo puede uno leer tres veces y siempre enseña, consuela, conmueve, sirve. Y todo, ya dije, en silencio. Todo eso, aparte de la Biblia, de la cual ya he mencionado su importancia y valor en mi vida.

Criticando muestras inseguridad

Hay personas que se pasan mucho tiempo criticando casi todo. Critican tanto, que quien los escucha debe pensar que ellos que tanto critican, harán todo perfecto.

Tristemente no es así. Por lo general, quienes critican, si, muchas veces tienen la auto-estima muy alta, pero otras tantas veces es lo contrario. Resultan ser personas que tienen un número tan grande de inseguridades, que critican a otros para desviar la atención hacia los errores que comenten los demás o hacia la forma de hacer las cosas de otros.

Se habla de críticas constructivas y críticas destructivas. Las destructivas llevan normalmente un mensaje de decepción y calificación, sin dar ningún comentario de nada bueno o aceptable. Es como decirle a alguien: “No hiciste ese trabajo nada bien, pero claro, es que en realidad nunca lo haces bien”. Una crítica constructiva sería: “Disculpa, el trabajo que hiciste hoy no me pareció tan bueno como la mayoría de tus trabajos. Pienso que si le dedicas un poco más de tiempo a la planificación, te podría salir mucho mejor”. En este caso además se estaría dirigiendo directamente a la persona. Pero la mayoría de los “críticos empedernidos” se encargan de criticar a los demás a sus espaldas, es decir, comentando con otros.

Otro factor a resaltar es que una persona que critica a todo el mundo, cuando los llegamos a escuchar, nos invade el pensamiento de que con los demás nos criticará a nosotros también. ¿No es cierto?

Debemos cuidar lo que decimos, porque con la misma medida que medimos seremos medidos.

Recordemos estos pasajes Bíblicos:

Lucas 6:45 “El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón produce el bien; pero el que es malo, de su maldad produce el mal, porque de lo que abunda en el corazón habla la boca”.

Proverbios 15:4 “La lengua que brinda alivio es árbol de vida; la lengua insidiosa deprime el espíritu”.

Proverbios 10:19 “El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua”.

Mientras más moderamos seamos, en menos problemas nos meteremos. Como siempre digo: todo en exceso es malo. Es el lema del espacio que tengo en CVCLAVOZ los lunes a las doce hora de Miami, “Ni Más Ni Menos” con Elluz Peraza… ¡Porque todo en exceso es malo!

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Señales para descubrir si eres perfeccionista

No hay nada de malo con querer superarse y buscar la excelencia. Todos queremos desarrollarnos adecuadamente en diferentes áreas; y por ello siempre buscamos que las cosas se hagan de la mejor manera. Sin embargo, cuando el deseo por alcanzar el éxito nos convierte en perfeccionistas, esta buena intención se convierte en algo negativo.

Los perfeccionistas pueden lograr lo que se propongan, pero a un costo muy alto. La Dra. Ellen Hendriksen asegura que esta característica lleva a la amargura, estrés, abrasividad, a ser vistos como exigentes, rígidos o controladores excesivos. Ella afirma que los perfeccionistas casi nunca pretenden ser perfeccionistas. Y además, debido a que la etiqueta es un nombre inapropiado, la mayoría de los perfeccionistas ni siquiera se dan cuenta de que son perfeccionistas.” Para evitar caer en este comportamiento, debemos examinar las señales de advertencia: 

1. Te es difícil relajarte:

El estrés es parte de tu vida. Nunca puedes relajarte cuando trabajas en un proyecto. Te preocupa que todo salga bien y de acuerdo a lo planeado. Si algo no sale como esperabas, te sientes frustrado, te enojas y desquitas tu ira con otros. En ocasiones, tu preocupación porque todo sea perfecto afecta a tus relaciones con los demás y la manera en que te ves a ti mismo.

2. Tus proyectos parecen nunca estar bien:

Nunca estás conforme con los resultados que obtienes. Cada vez que culminas algo, te fijas en los errores que pueden existir e intentas solucionarlos todos. Sin embargo, muchas veces, buscas fallas en donde no hay y crees que nada está perfecto. Esto causa que usualmente pospongas las cosas y tus proyectos no sean completados en su totalidad.

3. Eres demasiado crítico con tu apariencia:

Tienes un extremo cuidado por tu apariencia y por la imagen que proyectas. Eres excesivamente crítico con tu aspecto y te fijas hasta en los detalles insignificantes. No estás conforme con tu cuerpo y tienes un ideal de cómo debes ser. Con esto en mente, trabajas constantemente para lograr ese objetivo y te sientes frustrado cuando no obtienes lo que deseas.

4. Prefieres hacer todo solo:

Piensas que los demás no harán un buen trabajo y por eso prefieres hacer las cosas en solitario. Te gusta que todo esté organizado y estructurado de cierta manera, pero cuando alguien quiere aportar algo nuevo, te cuesta desviarte del plan inicial porque piensas que si lo haces, fracasarás. Te cuesta trabajar en equipo, compartir tus ideas y aceptar la ayuda de otros.

5. Nunca celebras tus logros:

Incluso después de haber culminado algo, no te sientes satisfecho con el resultado. Constantemente haces revisiones de tus proyectos y piensas que están inconclusos. No te importa si los demás te dicen que hiciste un buen trabajo, para ti, siempre habrá algo por hacer o corregir. Tu inconformidad con los resultados hace que te sea difícil celebrar tus logros, ya sean merecidos o no.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Confianza vs. Vanidad

La confianza es una cualidad muy valiosa que todos debemos tener; sin embargo, hay personas que no saben diferenciar la confianza de la vanidad. Ambas pueden parecer similares, pero en realidad, tienen distinto origen, motivación y efecto.

La confianza construye a la persona y a los que lo rodean; mientras que, la vanidad solo busca su propio provecho. El usar la confianza como una máscara para la vanidad, es algo que tiene repercusión para el individuo y sus relaciones personales. Es por ello que uno mismo se debe examinar y ver si su supuesta confianza no es más que vanidad disfrazada.

CONFIANZA VANIDAD

1. Se caracteriza por la humildad y no se enorgullece con facilidad.

2. Inspira y es un buen ejemplo para los demás.

3. Acepta que le falta aprender y busca la enseñanza de otros.

4. Sirve a otros y no se cree superior a los que le rodean.

5. Se preocupa porque sus acciones sean de corazón.

6. Sabe aceptar la corrección y la crítica.

7. Piensa en el beneficio de los demás por encima del suyo.

8. Se dedica a ayudar para que otros tengan confianza.

1. Es orgulloso y centra su atención únicamente en sí mismo.

2. No le importa nadie más. Se concentra en sus propios logros.

3. Es autosuficiente y cree que no necesita ayuda de nadie.

4. Espera ser servido y no quiere servir.

5. Se preocupa por la imagen que da.

6. No permite ser corregido y se derrumba fácilmente ante la crítica.

7. Piensa en su propio beneficio.

8. Le gusta menospreciar y subestimar a los demás.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Esta palabra

Varias veces he sido interpelado por amigos y amigas acerca de mi renuencia a hablar el lenguaje que predomina en espacios como éste. Extrañan la referencia a las citas del canon, los entusiasmos de la fe, las experiencias espirituales que deben, según esta óptica, ser el asunto preferente, el tema único sobre el cual elaborar párrafos y sentencias.

Me apresuro a decir que recibo aquellas intimaciones con respeto y aprecio porque provienen del cariño y no de una crítica gratuita. Temen que se haya diluido alguna pureza, que haya perdido alguna señal distintiva en mi vida. Sobre este punto en particular sólo es posible entrar en un diálogo profundo persona a persona; sería inapropiado elaborar aquí argumentos sobre mi condición “interior”.

De sobra conocen las amables personas que leen este blog mi recomendación al público general que busca aquellos escritos: hay cientos, miles de sitios donde pueden encontrar lo que necesitan para vivir, de muy buena calidad. Harán un uso mucho más efectivo y provechoso de su tiempo acudiendo a aquellas fuentes.

Hay sangre en las esquinas y en ocultas fosas en las montañas; hay hambre veterana en las villas y campamentos de miseria; hay materia corrompida en las asambleas de dirigentes, magistrados y legisladores; hay trabajo esclavo, hay trata de personas, hay negocios transnacionales que destripan y destrozan el planeta dejando tras de sí muerte, silencio institucional y miseria. En la intimidad hay tedio, desasosiego, cansancio, miedo, violencia reprimida y a veces no. Hay una tan profunda destrucción en el tejido y la trama de la vida social que es imposible resolverla con palabras y canciones. Tengo la extraña sospecha que a Alguien muy importante estas cosas le preocupan sobremanera y estaría bastante bien servido si sus seguidores atendieran personalmente estos asuntos.

El oficio – a veces arte – que pongo en práctica, sin obsesiones mesiánicas ni llamado alguno, es convocar aquellas materias de diversas maneras: a través de un relato ficticio, una prosa poética, una experiencia personal, una crónica breve, un ensayo minúsculo. Me siento, simplemente, compelido a describir, a traer a esta tribuna cuestiones que son la realidad de toda la gente y dejarlas allí. Si muerden, si alteran, si molestan, si acarician, si inspiran, si no producen ningún efecto, ya está servido el propósito para el que generosamente fui invitado a este espacio.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para CVCLAVOZ)

¿A que no sabes lo que me enteré?

“En las muchas palabras no falta pecado; Mas el que refrena sus labios es prudente.” Proverbios 10:19

En las escrituras, leemos que las palabras tienen poder, para bendición o maldición, sin embargo vemos a menudo como se usa algo tan valioso de manera tan imprudente. Por lo tanto vemos gente que habla, casi sin poder parar y por su incontinencia verbal terminan diciendo palabras, de las cuales tal vez en poco tiempo tengan que arrepentirse. De esta manera, se hiere, miente, promete, engaña, o bien se maltrata, todo a través de las palabras.

Cuantas veces pasa, que nos comienzan a contar algo de una persona y al poco tiempo nos vemos involucrados, también nosotros aportando nuestra propia opinión o experiencia y cuando nos queremos acordar estamos murmurando, en chisme, opinando de situaciones y personas que tal vez no conocemos en profundidad. Por lo tanto, debemos estar alerta a preguntas tales como: ¿te enteraste lo que pasó? o bien te voy a contar un secreto, pero no se lo digas a nadie… o bien la versión religiosa del chisme: “te cuento esto, pero te lo digo para que estés orando, no vayas a tomarme por chismoso.”

Si por un instante pudiéramos comprender lo dañino que resulta esto, posiblemente seríamos mas prudentes en el uso de nuestras palabras. Es frecuente ver personas, que hablan abundantemente, casi presumiendo saber de todo, sin embargo la prudencia, está en refrenar sus labios. Otra característica del que habla mucho, es que es mas propenso a equivocarse, no aprende de otros y de tanto hablar no puede escuchar a los demás, sólo a si mismo.

Es importante reflexionar, si realmente le estamos dando buen uso a nuestras palabras, piensa por un momento las veces que lastimaste a alguien sin querer, por una palabra demás que se te escapó. Piensa también en las palabras que a ti te han marcado, que otros te han dicho casi sin pensar pero que en ti produjeron un dolor que aún hoy recuerdas. Hay personas que se relacionan con los demás con palabras fuertes, a veces con gritos o insultos y esto casi que forma parte de su vida normal, pero hoy a la luz de la Palabra, el desafío es que cambiemos nuestra forma de hablar y la Biblia dice de que manera debemos hacerlo:

“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.” Colosenses 4:6.

Por Daniel Zangaro

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Crítica indispensable

Pronto vamos a hablar del libro “La cabaña”, me sugiere Angel en nuestra entrevista de los jueves en su programa de CVCLAVOZ. Así que ayer lo he conseguido en un café literario de mi ciudad y he comenzado la lectura.

Es siempre para mí un tema complicado comentar un libro, una película, un poema o una canción realizada por cristianos. En el entorno de la fe hay como una regla no escrita y es que todo lo que hacen los cristianos debe ser considerado bueno porque – precisamente – ha sido hecho por cristianos. Es decir, ¿quién podría hacer una mala crítica de alguien que amparado en versículos bíblicos o en palabras de alabanza y adoración realiza un trabajo creativo? Bueno, yo lo he hecho. No es una pose, sin embargo. Aprendí tanto en la universidad como en mi propia educación personal que cualquier producción creativa debe cumplir algunos requisitos mínimos.

Uno de ellos es que el aspecto técnico sea de un nivel aceptable. El contenido puede ser bueno pero si está mal escrito, mal musicalizado o mal producido no puede considerarse un trabajo “bueno”. Aquí los cristianos se defienden diciendo que si dice la verdad, es irrelevante su calidad técnica pero ese es un flojo justificativo.

Además, el contenido debe representar adecuadamente la visión que la autora o el autor tengan del mundo. Al final la audiencia debe quedar con una noción más o menos clara de cuál es la imagen del mundo que el artista sostiene.

Por otra parte la obra debe consistente con las convicciones de quien la crea o, dicho al revés, la persona que la crea debe ser consistente con lo que su obra representa. Solían decirme que lo importante era lo que se representaba, no la vida del creador; es decir que vida y obra podían ir por carriles diferentes, pero tengo muchas dudas al respecto.

Respecto de los libros la cosa es complicada porque aún diciendo cosas verdaderas, la calidad literaria puede ser bastante precaria. La mayoría de los libros cristianos son “técnicos”, es decir explican cómo se debe vivir esto o aquello. Son informativos o inspiracionales y por lo general están escritos de un modo bastante elemental. Desde el punto de vista estético, no son buenos libros. Pero el hecho es relegado a un plano de poca o ninguna importancia porque “lo que dice es cierto”.

Vamos a ver qué pasa con “La cabaña”…

¿Te da vergüenza?

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.” (Romanos 1:16-17)

El apóstol Pablo no se avergonzaba del Evangelio porque tenía muy claro que es poder de Dios para salvación y liberación. El hombre solo puede conseguir esta salvación cuando responde personalmente creyendo y confiando en la Palabra de Dios.

Según el teólogo John Piper existe una diferencia entre sentirse avergonzado del evangelio y ser avergonzado por él. Todo cristiano fiel, será avergonzado por el evangelio. Es decir, probablemente será el blanco de ataques de burlas y oprobio. Pero hay una buena razón por la cual no debemos avergonzarnos  cuando esto suceda y esta está relacionada con lo dicho acerca de Jesús en Hebreos 12:2 dice, “por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio”. El oprobio recibido por Jesús, fue en extremo desagradable, cruel y humillante, sin embargo no dejó dominarse por él, sino que cuando fue avergonzado, se enfocó en el gozo puesto ante sí, dejó de lado sus propios sentimientos para asegurar la victoria a largo plazo.

El Evangelio es poder de Dios para salvación para todo él que cree, ¿Pero que significar creer? La palabra griega pistevo tiene un significado bien profundo, por un lado implica creer en las verdades del Evangelio, en cuanto a su contenido, pero también su concepto abarca la confianza, la entrega personal que debe tener la persona que cree, poniéndose completamente a disposición de Jesús. Por lo tanto creer en Cristo no es simplemente algo que se hace simplemente desde lo intelectual sino que requiere una entrega mas profunda.

Pablo destaca además que la justicia de Dios es por fe y para fe. Solo de esa manera alcanzamos justificación delante de Dios, por lo cual y de esta manera el justo como hombre justificado por Cristo, vive por la fe. La pregunta que podemos hacernos hoy es: ¿Realmente creemos que el Evangelio es poder de Dios? Si la respuesta es afirmativa, sería muy raro que nos avergonzáramos de predicarlo.

Aún siendo cristianos por muchos años podemos olvidarnos del tremendo poder que lleva en sí misma la Palabra de Dios. En dicho caso sería útil preguntarnos que nos hizo perder esta seguridad. Muchos creyentes no se identifican como tales en sus trabajos por miedo a ser perseguidos o que decir de nuestros niños y jóvenes en escuelas y universidades quienes muchas veces son objeto de bullying simplemente por sostener sus creencias. En otros casos ni siquiera los familiares conocen que uno de los suyos es un cristiano nacido de nuevo.

Es tiempo de volver a creer, con la seguridad y valentía de los que están dispuestos aún a soportar el oprobio por causa de la predicación del Evangelio en lugar de avergonzarse de él.

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.” (Romanos 1:16-17)

El apóstol Pablo no se avergonzaba del Evangelio porque tenía muy claro que es poder de Dios para salvación y liberación. El hombre solo puede conseguir esta salvación cuando responde personalmente creyendo y confiando en la Palabra de Dios.

Según el teólogo John Piper existe una diferencia entre sentirse avergonzado del evangelio y ser avergonzado por él. Todo cristiano fiel, será avergonzado por el evangelio. Es decir, probablemente será el blanco de ataques de burlas y oprobio. Pero hay una buena razón por la cual no debemos avergonzarnos  cuando esto suceda y esta está relacionada con lo dicho acerca de Jesús en Hebreos 12:2 dice, “por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio”. El oprobio recibido por Jesús, fue en extremo desagradable, cruel y humillante, sin embargo no dejó dominarse por él, sino que cuando fue avergonzado, se enfocó en el gozo puesto ante sí, dejó de lado sus propios sentimientos para asegurar la victoria a largo plazo.

El Evangelio es poder de Dios para salvación para todo él que cree, ¿Pero que significar creer? La palabra griega pistevo tiene un significado bien profundo, por un lado implica creer en las verdades del Evangelio, en cuanto a su contenido, pero también su concepto abarca la confianza, la entrega personal que debe tener la persona que cree, poniéndose completamente a disposición de Jesús. Por lo tanto creer en Cristo no es simplemente algo que se hace simplemente desde lo intelectual sino que requiere una entrega mas profunda.

Pablo destaca además que la justicia de Dios es por fe y para fe. Solo de esa manera alcanzamos justificación delante de Dios, por lo cual y de esta manera el justo como hombre justificado por Cristo, vive por la fe. La pregunta que podemos hacernos hoy es: ¿Realmente creemos que el Evangelio es poder de Dios? Si la respuesta es afirmativa, sería muy raro que nos avergonzaramos de predicarlo.

Aún siendo cristianos por muchos años podemos olvidarnos del tremendo poder que lleva en sí misma la Palabra de Dios. En dicho caso sería útil preguntarnos que nos hizo perder esta seguridad. Muchos creyentes no se identifican como tales en sus trabajos por miedo a ser perseguidos o que decir de nuestros niños y jóvenes en escuelas y universidades quienes muchas veces son objeto de bullying simplemente por sostener sus creencias. En otros casos ni siquiera los familiares conocen que uno de los suyos es un cristiano nacido de nuevo.

Es tiempo de volver a creer, con la seguridad y valentía de los que están dispuestos aún a soportar el oprobio por causa de la predicación del Evangelio en lugar de avergonzarse de él.

Por Daniel Zangaro

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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