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Tiempo de lectura: 2 minutos

“Palabra irritada e irritable, frases en borrador, ideas hipertensas, pensamientos sin editar. Algunas broncas acumuladas, varias impertinencias intencionadas, instalaciones subrepticias en los agujeros del sistema. Temblores involuntarios del alma, cavilaciones de la mente trasnochada, constataciones diversas, residuos reciclados. Palabras cruzadas con asuntos internos, locuras en clave, enigmas indesarmables, encriptaciones de la rabia y artilugios enmascarados”.

Con estas palabras quería explicar el contenido del artículo “Intrascendencias” publicado hace unos días aquí; pensamientos sobre las ironías de la vida, los despropósitos y sensibilidades que no caben en el discurso dominical del púlpito o de “ayuda espiritual”.

Sobre ese artículo, doña Virginia Sánchez González comentó en la red social de CVCLAVOZ: “Todos estos nudos que enredan nuestras vidas, los podemos desanudar con el soplo divino de la palabra de DIOS que se convierte en refrigerio y solución a nuestros avatares.” Siempre pienso que estos comentarios no dan para ser respondidos porque: a) la persona no leyó todo el artículo sino las tres líneas con que el administrador del sitio ilustra el tema invitando a la audiencia a leerlo y responde según eso, o b) la persona leyó el artículo y por no encontrar en él las frases y conceptos repetidos del discurso que predomina por estos rumbos, el comentador considera que debe enmendarme la plana, atizándole a mi falta de espiritualidad a ver si de una vez por todas me convierto bien al Señor.

Según sus palabras, Virginia tiene un recurso extraordinario que alivia y resuelve todos sus problemas. Si yo creyera que así, mágicamente, funciona la fe, tendría que preguntarme dos cosas:

Uno: ¿Por qué entonces la mayoría, la inmensa mayoría de las consultas que los creyentes hacen a los consejeros se refieren a serios problemas con los cónyuges, con la salud, con los hijos, con otros creyentes, con la plata? ¿Qué impide que ellos disfruten de lo que Virginia parece haber descubierto?

Dos: ¿Por qué la mayoría, la inmensa mayoría del mundo afligido por ingentes angustias humanas, políticas, económicas, sanitarias y otras no se vienen derechito para este lado y son felices de una vez por todas?

No. La fe no es tan simple, Virginia. Suena bello lo que usted dice pero la realidad de los creyentes dice que no funciona de ese modo. Es diferente decir que la fe puede ayudar a enfrentar mejor la realidad de la vida. Eso sí. Pero no es, ni con mucho, un antídoto contra ella.

Simplemente no.

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