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Tiempo de lectura: 2 minutos

Finalmente esto vino a ser una idea en tres entregas por lo que recomiendo a las amigas y amigos de este blog a leer Delirio de libertad, Comentario adicional y Trilogía como un solo artículo.

Lo que se propone es no ver el mundo y la vida a través de los ojos de otros sino encontrar la propia mirada en el conocimiento de la verdad. Estimar lo que se recibe como enseñanza u orientación pero no permitir que otros le impongan una comprensión única de las cosas. El entendimiento de la realidad es una construcción que uno debe emprender en un diálogo personal con los contenidos presentados como verdad.

Estar siempre aprendiendo y no llegar nunca al conocimiento de la verdad es como los dos lados de la misma moneda. Por una parte, uno se debe asumir como un aprendiz permanente y nunca suponer que uno ya sabe todo lo que hay que saber. Pero por la otra no puede uno quedarse en el abecedario de las cosas y pasarse la vida circulando por las mismas cuestiones básicas y nunca aprenderlas para pasar a otro estado de conocimiento.

La expresión más auténtica de la libertad se da en el pensamiento. Uno puede hallarse en las más difíciles condiciones humanas pero nunca permitir ser esclavizado en el pensamiento. Las ideas no tienen sangre, no pueden ser asesinadas. “¡Cavernarios! El pensamiento no se multa ni se encarcela” era el lema de un diario que circulaba en mi país hace cincuenta años.

Por supuesto, aquí sólo se enuncian algunas ideas. Hay implicaciones mucho más profundas que el espacio y el lugar no permiten explorar. Pero por otro lado, como solía decir alguien cuyo nombre ahora no recuerdo, “desconfía de los libros muy voluminosos que se ocupan de verdades muy sencillas”.

Examinar, darle vueltas a un tema para ver si en verdad es así como se presenta o no, interrogar al texto o al autor si es posible, no confundir popularidad con autoridad, practicar el sano hábito de la duda razonable, no dejarse seducir por las ideas ingeniosas o espectaculares, nunca dejarse manejar por la mayoría, los índices de audiencia o las tendencias imperantes; éstas son algunas de las maneras de ejercer, de vivir y de disfrutar los beneficios de la libertad.

Por ahora, dejemos hasta aquí este delirio.

(Ilustración: Delirio de Isla Negra, fotografía, Benjamín Parra)

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