Quizás el dolor y el malestar que te causan las heridas físicas y emocionales que tienes son insoportables y piensas rendirte y dejar de pelear contra la enfermedad, hoy quiero recordarte esta promesa “Oh Señor, mi Dios, clamé a ti por ayuda, y me devolviste la salud” Salmos 30:2 (NTV). Solo necesitas clamar y verás la mano de Dios moverse sobre tu enfermedad.

Por Judith Quisbert

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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