“Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchos naciones, y tú no pedirás prestado.” Deuteronomio 28:12 (RVR 1960)

Cuantas veces te has preguntado: Si esta es la promesa de Dios, ¿qué sucede conmigo? ¿Por qué no soy bendecido? ¿Soy la excepción? Tengo deudas, estoy sin trabajo, y en vez de ser el que presta, termino debiendo y pidiendo prestado a los demás. ¿Sabes? Un día me hice las mismas preguntas; pero entendí que Dios es fiel a su Palabra, Él no es hombre para que mienta, si Él dijo que bendice las manos diligentes, entonces lo hará.

Algunas de las razones por las cuales no vemos esta promesa en nuestras vidas pudieran ser: malas decisiones, engaños, ignorancia, robo, enfermedad o accidente inesperado, negligencia, desobediencia, etc. De todas las que mencioné, hay algunas que no tenemos el control, es decir sale de nuestras manos, y esas tenemos que entregarlas a Dios, para que Él actúa a favor nuestro. Pero también hay acciones que pudimos evitar o actuar en su momento.

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Te animo a meditar y reflexionar, sabiendo que Dios está dispuesto a perdonar cuando uno se acerca arrepentido, y da su oportuna ayuda para salir de los problemas financieros. Dios te bendecirá.

Por Neyda Cruz

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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