Aún cuando los padres debieran ser el modelo de autoridad, quienes tienen la responsabilidad de establecer reglas para el propio crecimiento y bienestar de los hijos, hoy en día es común observar a muchos niños y adolescentes sobrepasando los límites. Siendo ellos los que terminan mandando, porque los adultos no saben cómo lograr un “hasta aquí” sin que les gane la perseverancia de los pequeños para obtener lo que quieren. En su caso, ¿Quién manda en la casa?, usted o su hijo, si la respuesta es él porque después de todo se sale con la suya, entonces es de vital importancia que atienda los siguientes principios y verá que con límites adecuados se educa mejor.

1) Poner límites firmes

De acuerdo a los valores y hábitos que se busca educar en los hijos es que se deben establecer límites firmes, lo que significa que cuando mamá o papá dicen algo, en verdad se cumpla, sin dejarse llevar por rabietas, lágrimas o conductas no deseadas de los hijos que los haga cambiar de opinión.

Para favorecer el desarrollo y aprendizaje de su hijo, requiere que usted sea de firmes convicciones, cumplir cuando realmente quiere decir no. Claro, el decir no, es de antemano haber establecido un límite claro y preciso, que el menor tenga conocimiento del por qué no de las cosas. Lo cual tiene que ser explicado con respeto y amor, porque mucha gente confunde poner límites con gritar o enojarse, repetir las cosas de mal genio, y eso solo desgasta la relación con su hijo. Ya sea porque se vuelve inmune a lo que le dicen y usted se frustra más, o puede que obedezca en el momento pero por miedo a usted o ser castigado y eso hace que con el tiempo quede resentido.

Ahora, si usted ya definió un límite claro y aún así el hijo no actúa como espera, no respeta lo que dice, no se moleste en estar repitiendo órdenes, mejor ocúpese que sus palabras estén apoyadas en acciones, esto es que si ya dio la instrucción una vez y no se ha cumplido, entonces la mejor opción es poner consecuencia.

2) Permite que viva la consecuencia

De los errores que comenten los padres es que convierten los problemas de los hijos en suyos, cuando debieran hacerle saber al hijo que su mala conducta solo le va a traer problemas a él, porque es el hijo que va experimentar la consecuencia no los demás.

Por ejemplo, una mamá me platicó cómo su hija de 6 años experimentó su consecuencia; le pidió por favor que ordenara su cuarto temprano para salir a tiempo a una fiesta. Cuando llegó la hora , la niña vio como su mama empezó a tomar sus cosas para irse, e inocentemente le dice “ya nos vamos”, a lo que le respondió “yo me voy, tú te quedas en casa con papá, recuerda que te dije que ordenaras tu cuarto y no lo hiciste, lo siento mucho se que querías ir a la fiesta, pero no es mi culpa, es tu consecuencia por no hacerlo”.

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Pese a que le suplicó, lloró, hizo el berrinche de su vida, la mamá no cedió a las actitudes de su hija, se mantuvo firme hasta al final.

Cuando permitimos que los hijos vivan la consecuencia, les estamos enseñado hacerse responsables de sus acciones, sabrán que si se esfuerzan, hacen las cosas con diligencia y responsabilidad dará frutos, pero si no es así, traerá consecuencias negativas.

Que desde pequeños aprendan la ley de la siembra y la cosecha “Lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Gálatas 6:7

Si permite que viva las consecuencias, no habrá necesidad de recurrir a castigos, los cuales no son recomendables porque su objetivo es hacer pagar a la persona su falta con dolor o con deseo de causarle daño; de manera contraria, las consecuencia tiene como propósito que la persona aprenda de la experiencia, porque cuando se nos permite pagar un precio por nuestros errores, aprendemos de ello, pero sin necesidad de culpar a otros, si no haciéndonos responsable uno mismo.

3) Permite que se frustre

A la mayoría de las madres les cuesta trabajo llevar a cabo el límite hasta la última consecuencia, porque cuando el hijo llora, o expresa tristeza, frustración al no tener lo que se le está privando, tarde o temprano cede y no hay más límite. Siendo que uno de los aspectos más importantes en la crianza para el crecimiento es la frustración, es bueno que se sienta así, eso le trae aprendizaje. El simple hecho de que el hijo sufra no implica que esté sucediendo algo malo, al contrario es ayudarlo aceptar la realidad, porque la persona que nunca se frustra se vuelve poco tolerante y después eso le trae problemas en el mundo real.

Así que déjelo que se frustre por la consecuencia, no lo rescate del enojo o la tristeza, hazlo por él, por su bienestar.

“Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.” Hebreos 12:11

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