A veces hago lo que quiero. La mayor parte del tiempo no. Hay que trasladarse, trabajar, hablar, responder, reunirse, resolver, socializar, argumentar, esperar, proponer, creer. Se hace necesario observar ciertas convenciones, ir a la caja a cobrar el giro, comprar cosas, lavar, asear, cocinar, barrer la vereda porque es ordenanza municipal. Es imprescindible presentarse en ciertos encuentros importantes, atender preguntas, informarse adecuadamente del estado de parientes y relaciones bilaterales.

A veces hago lo que quiero. En otras ocasiones hay que admitir que las cosas son como son y que el horno no está para bollos. Se hace inevitable administrar el tiempo, la plata, los espacios, el ánimo y los deseos. Es preciso poner algunas cosas antes que otras, abstenerse de ciertas cuestiones, explicar las misteriosas razones por las cuales se margina uno de redes, perfiles y tecnologías de avanzada.

A veces hago lo que quiero. Si no, hago mandados, compro encargos, me informo de los acontecimientos sobre los cuales habla la gente – a veces me informo a través de lo que habla la gente pero en realidad eso no es muy recomendable. Voy a las oficinas de servicios públicos a tomar nota de ciertos derechos inalienables que no me están siendo garantizados e intento descifrar los arcanos de la factura del gas o de la luz. Envío mi boleta de honorarios puntualmente cada mes, voy al dentista, hago algunas llamadas y escribo unos correos.

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A veces hago lo que quiero. Algunas cosas que habitualmente no quiero, las hago porque quiero. Elijo el silencio, leo los pocos y últimos libros que me quedan, me siento a oscuras en la cocina y pienso en una frase, una posibilidad, una caricia, una mirada, un abrazo, un respiro, una pausa, un amparo, una solución final, un mundo que sea otro, una época imposible. Considero todo lo que no sé, todo lo que no puedo, todo lo que hice, todo lo que ya está, todo lo que no comprendo aunque lo lea o lo escuche cinco veces, todo lo que me da risa, pena o rabia pero ya no tanto como antes, todo lo que me da miedo.

A veces hago lo que quiero. Algunas de esas cosas no son objeto de conocimiento público, ni bilateral ni multilateral, por lo cual de ellas aquí no se trata.

(Fotografia: Ivan Pierotti – Usada con permiso – ivanpierotti.com.ar)

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