“Baja a Dios de las nubes, llévalo a la fábrica donde trabajas, quita a Dios 
del madero y guárdalo dentro de tu corazón, saca a Dios de los 
templos donde lo encerraron hace tantos años y déjalo libre en las 
plazas y llévalo también al mercado de pueblo”
(Canción popular cristiana de los años ochenta)

Este tema se escuchó mucho en los años ochenta en Chile; fue una época romántica que soñaba con una revolución cristiana, una revuelta contra el iglesismo, esa inclinación de muchos creyentes a vivir dentro de su propio universo, sin contacto con el mundo real.
El fin de la historia es que no ocurrió lo que proponía la canción; la mayoría de los cristianos siguen inmersos en sus propias cosas y el tema quedó como un registro vintage, un nostálgico casete de hace treinta años.
Hace unos días, en la entrevista de los jueves en el programa “Más Vale Tarde” de CVCLAVOZ, dije: Yo busco a Dios en los periódicos del domingo. Fue una frase provocativa, por cierto; quería decir más bien extender la realidad de Dios en el mundo de afuera.
Es insostenible a estas alturas de la historia la postura de que no somos del mundo y por lo tanto la política, la economía, la cultura y los movimientos sociales no son asuntos de nuestra incumbencia. No se sostiene porque en la práctica todos los creyentes están inmersos en esas realidades: trabajan, tienen negocios, votan, miran televisión, escuchan las noticias, compran en los almacenes y en los centros comerciales, van de vacaciones, usan los bancos, las gasolineras, compran y venden propiedades, educan a sus hijos en las escuelas. Gente querida: Somos, estamos, en el mundo.
Dios tiene que ser visto ahí afuera. Es posible que no haya mayor devoción que ésta: ser testigos militantes del evangelio de Jesucristo precisamente donde se construye y se hace la realidad de las naciones; aportando ideas, contribuyendo a mejorar los días de las personas, ayudando a los que están en riesgo, sosteniendo a las minorías y a los excluidos del sistema.
Ya es un lugar común recordar que Constantinopla (Bizancio) cayó en manos del imperio otomano mientras en los monasterios de la ciudad los eruditos bíblicos discutían si los ángeles serían de género masculino o femenino o neutros.
Por eso decimos: Dios, afuera.

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(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

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