El concepto de texto definitivo pertenece a la religión y al cansancio.

(Jorge Luis Borges)

Se dice que llega un momento en que hay que quitar el manuscrito de las manos del autor y enviarlo a la imprenta o nunca lo publicará.

Lo definitivo es una idea que nos seduce en todos los sentidos. Queremos tenerlo todo claro. Queremos abarcarlo todo. Creemos que ya está, que no hay nada más que decir o hacer.

Somos atraídos por la perfección de las ideas. Nos tranquiliza eso de que todo está definido. Qué bueno sentir que estamos en lo verdadero y en lo correcto. Qué gratificante estar parados en lo indiscutible y total.

Es típico de la religión este concepto: “Creo lo correcto, lo que hay que creer. No hay nada más”. Y típico, como dice Borges, del cansancio. No tenemos ganas de explorar más profundo.

Por eso tienen tanto éxito los devocionales y los pancitos de vida. Ahí está todo clarito. Hay que hacer esto o aquello y ya está. No hay para qué complicarse tanto.

El problema es que encerrar cosas cambiantes y complejas en un conjunto de máximas y versos nos convierte en sujetos irrelevantes para la mayoría y – peor – arrogantes.

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La física cuántica nos ha hecho ver que la materia no es estática, que conjuga todas las posibilidades, que es una tendencia. El átomo no es algo finalizado ni permanente.

Pero por estos rumbos no es políticamente correcto afirmar que lo definitivo no es finalmente estático. Le endilgarían a uno el verso ese de que el que duda es como las olas del mar…

Una profesora me dijo el otro día que pensara en esto: tal vez las cosas cambian para que nunca cambien. O sea, el cambio no sería contrario a lo permanente sino sólo su manera de ser.

Cuando Jesús dijo de tal manera amó Dios al mundo no lo estaba diciendo a los perdidos sino a un profesional experto en la Palabra. ¿No le estaría diciendo que amando se encuentra a Dios? Digo, ¿hay una sola y definitiva manera de entender un verso?

De nuevo: por eso debe ser que Borges dice que la idea de lo definitivo es propio de la religión… y del cansancio.

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