Hace muchos, muchos años, en una entrevista televisiva un candidato a la Presidencia de mi país respondió un poco impaciente al periodista que le preguntó cómo había llegado a ser un empresario tan exitoso: “Yo tengo plata porque trabajo y siempre he trabajado”. Según esta lógica simple, un alto porcentaje de ciudadanos del mundo debería ser rico: millones de ellos invierten tres o cuatro horas diarias transportándose entre su hogar y el lugar de su trabajo, donde se desloman día a día en toda clase de empleos.

Dado que tal esfuerzo no se traduce en una riqueza como la del señor candidato, se hace necesario hacer algunas precisiones: proveniente de una familia de buen pedigree político, académico y empresarial, lo más probable es que fuera educado en una de las mejores universidades privadas del país y luego un grado académico superior en alguna exclusiva institución extranjera. Es más que posible que su exitosa carrera empresarial contara al comienzo con el sólido respaldo de su gente y de los bancos que le concederían crédito de buen grado dado el reconocido status de su clan. La mayoría de la gente no tiene este potente respaldo para iniciarse en el sufrido mundo del trabajo. Por cierto esta reflexión no resta ni un ápice a la capacidad emprendedora del sujeto en cuestión y a la dedicación con la que de seguro atiende sus negocios.

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Deducimos que el intenso trabajo no conduce inevitablemente a la riqueza. Merced a una compleja trama en la que se coluden sistemas políticos, poderes empresariales, dirigentes, magistrados y funcionarios, el trabajo otorga a la mayoría de la gente del mundo apenas lo suficientepara vivir y para obtener algunas otras cosas mediante créditos a los cuales está sometidael resto de su vida. En ciertos lugares, hoy mismo, hay gente que realiza trabajo esclavo y cautivo, remunerado apenas con comida y vivienda.

Es altamente probable que la mayor parte de la audiencia que visita este blog – y por cierto quien lo escribe – no viva en las condiciones descritas en el párrafo anterior. Somos los afortunados que estamos en la parte alta de la parte baja del modelo. Por ello, al leer estas líneas tal vez nos incomodemos un poco – o nada – y minutos después hayamos olvidado que ahínomás, abajito, más de la mitad del mundo no resultó favorecida con ninguna riqueza, no importa que se mate trabajando.

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