¿No será que de tanto escuchar palabras portentosas el oído y la conciencia terminan siendo insensibles y se termina muriendo su magnífico sentido?

De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis,  y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos… (Mateo 13:14-15). 

Una persona que participa en la iglesia y que asiste dos veces por semana a servicios donde oye predicaciones o enseñanzas por una hora y media, en 20 años habrá sido expuesta al menos a 2,700 horas de palabras; si además contamos lo que escucha en cursos y conferencias, en la radio, la televisión o internet, es muy probable que esa cifra se eleve a una 10,000 horas.
En los segmentos de preguntas a los “entendidos” de los medios cristianos de comunicación o en los contenidos de las consultas de consejería advertimos cómo se vive y se funciona en el sistema eclesiástico cristiano. Percibimos sus enormes falencias conceptuales, tomamos nota de sus complejos problemas de relaciones humanas en la familia y la comunidad, comprobamos la asombrosa ausencia de los creyentes en los asuntos públicos. Nos impacta la continua necesidad que sufren de que se les aconseje y guíe sobre los más básicos asuntos del cristianismo y los débiles argumentos que ofrecen para explicar su ineficacia en enfrentar el dolor y el conflicto propio de la existencia humana.
Hace unos años leí algo revelador respecto de la predicación de la iglesia. Estas experiencias otorgan la sensación de que la persona está realmente viviendo el contenido de las palabras dichas desde la plataforma; asume que ha vivido una experiencia efectiva y existencial con tema enseñado, sea sobre el poder del Espíritu Santo, el amor, el perdón o la fe. Pero ya fuera del culto, enfrentada a la cotidianidad de la vida, es evidente que no ha asimilado la enseñanza. Si no lo creen, pregúntense por qué hay tantos problemas con tantos creyentes de años y años en la iglesia.
De acuerdo a las citadas palabras de Jesús – que se refieren a una denuncia del profeta Isaías – de tanto escuchar las mismas palabras por tantos años, se ha perdido su efecto transformador.
Por eso los creyentes necesitan escucharlas una y otra vez cada semana…
(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

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