“Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, 11 así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.” Isaías 55:10-11 (RVR1960).

En estos versículos la Palabra de Dios es comparada con la lluvia y la nieve. Así como cada gota de agua cae sobre suelo seco, brindando frescura y dando oportunidad para que haya vida; de la misma manera actúa la Palabra en los corazones de las personas. Da vida nueva a quien no tiene fuerzas ni esperanza, descanso al abatido, consuelo al afligido y dirección al perdido.

Por eso, es importante que como hijos de Dios, tomemos el tiempo necesario para estudiarla, nutrirnos con ella y que la compartamos con nuestra familia, amigos, pero en especial con quienes no conocen a Cristo.

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Tomemos la responsabilidad y el privilegio de llevar Su Palabra al necesitado, no privemos a las personas que están en nuestro entorno de ser confortados y más aún de tener la oportunidad de recibir la salvación.

Tengamos siempre presente que Su Palabra no vuelve vacía.

Por Cesia Serna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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