Una antigua historia cuenta que hace mucho tiempo, un rey colocó una gran roca obstaculizando un camino. Entonces, se escondió y miró para ver si alguien la quitaba.

Algunos de los comerciantes más adinerados y los cortesanos del rey vinieron y simplemente le dieron una vuelta. Muchos culparon al rey ruidosamente de no mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo algo para sacar la piedra grande del camino.

Entonces, llegó un campesino que llevaba una carga de verduras. Al aproximarse a la roca, el campesino puso su carga en el piso y trató de mover la roca a un lado del camino. Después de empujar hasta agotarse, lo logró. Mientras recogía su carga de vegetales, notó una cartera en el suelo, justo en el lugar donde había estado la roca. La bolsa contenía muchas monedas de oro y una nota del mismo rey indicando que el oro era para la persona que removiera la piedra del camino.

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El campesino aprendió lo que los otros nunca entendieron: cada obstáculo presenta una oportunidad para mejorar la condición de uno.

No culpes a Dios ni a los otros por las dificultades que encuentres en tu camino. Busca la forma de vencerlos, el esfuerzo que hagas nunca será en vano, siempre aprenderás algo y te harás más fuerte.

Esas rocas que encontramos en nuestro camino pueden ser problemas familiares, financieros, físicos, emocionales, etc., pero ninguno de ellos será invencible si lo enfrentamos en las fuerzas que Dios nos da.

Encomienda a Dios tu camino y mueve esa roca que te estorba. Verás que todo el esfuerzo habrá valido la pena y Dios nunca te abandonará.

“Pues todo lo puedo hacer por medio de Cristo, quien me da las fuerzas”. Filipenses 4:13 (NTV)

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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