Al crear Dios al ser humano, lo hizo maravillosamente complejo; cada uno fue dotado con habilidades y características que al ser moldeadas nos convierten en mejores personas.

Uno de estos aspectos es el temperamento, el cual heredamos de nuestros padres, por ello, tenemos una combinación de los cuatro temperamentos identificados.

El sanguíneo es conocido por ser extrovertido, cálido, vivaz y cordial, es receptivo, nunca le faltan amigos, suele hablar bastante y dejarse guiar por sus emociones.

El colérico es activo, práctico, autosuficiente, de voluntad recia, es un líder nato y tiene determinación, aunque es extrovertido no tiene muy desarrollado el aspecto emocional.

El melancólico es un perfeccionista, bastante sensible, con tendencia al auto sacrifico, es responsable y fiel, es del tipo introvertido por lo que le cuesta hacer amigos.

Por último, el flemático, suele ser sereno, equilibrado, lento y reticente, tiene un raro sentido del humor, eficiente y aunque procura ser un espectador, disfruta de la compañía de las personas y tiene buen control sobre sus emociones. (*)

Todos ellos florecen bajo la influencia del Espíritu Santo, quien transforma las debilidades inherentes a cada tipo, hasta convertirlas en fortalezas.

“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.” Efesios 4:22-24 (RVR1960).

La forma en la que podemos dejar nuestra antigua manera de vivir y renovar nuestra mente, es buscando conocer íntimamente a Dios a través de Su Palabra, consideremos además que el autor es el Espíritu Santo.

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“La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.” Colosenses 3:16-17 (RVR1960).

¿Y cómo sabemos que somos llenos del Espíritu y que es Él quien tiene el control?

Pues basta con ir a Gálatas 5:22-25:

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.” (RVR1960).

 Seamos obedientes a la Palabra de Dios, conozcámosla y dejemos que el Espíritu nos guíe.

(*) Descripciones hechas por Tim LaHaye en su libro Temperamentos controlados por el Espíritu Santo.

Por Cesia Serna

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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