Hace algún tiempo tenía que asistir a un evento social con una amiga; pero ella cambió de parecer a última hora y tuve que ir sola. Al día siguiente le pregunté por qué no había asistido, a lo cual ella dijo: “Todas las que iban a ir son muy bonitas“.
Ante esta inesperada respuesta, le dije que no entendía por qué eso podría considerarse una razón válida para no asistir. Ella respondió: “Cuando veo a otras mujeres más bonitas que yo, siento que soy un sapo en medio de princesas. Es horrible porque me siento mal conmigo misma y no soporto ver que otras sean más hermosas. ¡Dios es tan injusto porque no me hizo como ellas!”.
Luego cuando vio las fotos del evento, no dejaba de señalar lo bellas que se veían las demás, pero entre sus halagos se podía distinguir un atisbo de envidia.

Nadie halaga sinceramente.

Este no es un caso aislado. Al igual que mi amiga, la mayoría de mujeres tiende a sentirse un poco intimidadas ante la presencia de alguien a quienes ellas consideran mejores. Es por ello que suelen recurrir a los falsos halagos para tratar de ocultar sus verdaderos sentimientos. Al otro extremo se encuentran las que tratan de menospreciar a quienes consideren como una posible amenaza. Especialmente si creen que ella les quitará a su pareja y usurpará su lugar.

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El verdadero problema.

Nuestras inseguridades no deben afectar nuestra relación y percepción de los demás. Cuando tienes el autoestima alta, conoces tu verdadero valor, estás segura de tus capacidades y fortalezas, entonces no tienes por qué sentirte inferior. Nuestra percepción de la belleza cambia con el paso del tiempo, y lo único que perdura es lo que somos por dentro. Envejecer no es opcional. Aún no se inventa una fórmula para mantenerse joven por siempre; así que, es momento de aceptar la realidad y vivir en armonía con las mujeres que nos rodean.

Un reto para las mujeres:

Demuestra tu confianza y halaga sinceramente a otra mujer. No pienses que ya recibe muchos cumplidos de parte de los hombres o que no necesita elevar su autoestima. Solo hazlo. Trata a las demás de la forma que quieras ser tratada, pero no lo hagas solo por ese motivo. Hazlo porque ya es momento de marcar la diferencia y ser una mujer de valor.

¿Te atreves?

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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