Hace unos días tuve que renovar el software de mi celular; y esta vez noté algo que hasta ahora no había prestado atención: el número de la actualización. Con cada nueva actualización, los números ascienden conforme a las mejoras que traen. Así por ejemplo, la primera versión de un software es 1.0, la siguiente puede ser 1.1 ó 2.0, y así sucesivamente. Esto me hizo recordar el versículo bíblico que está en Romanos 12:2, que dice: “No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta.” (NTV)

En toda nuestra vida estamos expuestos a un sinnúmero de cambios que debemos hacer a fin de crecer, madurar y mejorar; y si no nos renovamos con frecuencia, podemos quedarnos obsoletos y morir en el conformismo. Por ejemplo, un software debe ser examinado para detectar sus fallas y buscar cuáles podrían ser sus mejoras. Si la empresa no realiza esta evaluación, es muy probable que la competencia saque al mercado un producto mucho mejor. Aunque a los seres humanos no se nos reemplace con un modelo mejor, a veces perdemos oportunidades cuando no nos adaptamos a los cambios.

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Así como lo dice el texto bíblico antes mencionado, actualizarse no significa “imitar las conductas ni las costumbres de este mundo”, sino dejar que Dios transforme nuestra manera de pensar; y convertirnos en una mejor versión de nosotros mismos. Además de permitir que Dios tome el control de nuestra vida, también podemos hacer pequeños cambios diarios que mejoren nuestra salud, finanzas, relaciones interpersonales, etc. Lo importante es nunca conformarse con nuestro “yo 1.0”, ni tampoco con la versión 2.0, sino buscar siempre la excelencia y estar en constante actualización.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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