“Es entonces cuando te destruyes,

cuando ves a tu gente alejarse,

cuando casi se apagan las luces

sin que haya llegado la tarde;

cuando nadie te espera despierto,

cuando, tras el alcohol, la violencia

y hay batallas de arrepentimiento…

es entonces que llega la ausencia”.

 

El alcoholismo es una enfermedad en la que, a consecuencia de beber alcohol, se produce una modificación del tejido cerebral en conjunto con trastornos de la conducta y alteraciones psicológicas que repercuten en la vida familiar, laboral y social del paciente. No aparece de manera aguda, sino que se instala paulatinamente. En un principio, muchos esgrimen motivaciones para beber como “ahogar las penas”, desinhibirse socialmente o “liberar el estrés”. Pero poco a poco el cuerpo genera una tolerancia al alcohol y cada vez se necesita mayor cantidad para experimentar el mismo efecto.

Entonces, gradualmente, tanto desde el punto de vista mental como fisiológico se genera una dependencia al tóxico, una necesidad de seguir consumiendo porque “el cuerpo” mismo lo pide y que genera malestar. Debido al consumo prolongado, excesivo, y compulsivo de alcohol, el cerebro experimenta cambios bioquímicos que modifican los procesos cognitivos, afectivos y la conducta del bebedor. Cuando se interrumpe súbitamente el consumo, se produce lo que se denomina el síndrome de abstinencia, es decir, síntomas como temblores, sudoraciones, taquicardia y ansiedad. La realidad es que la adicción escapa al control del paciente y de su decisión personal.

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Es por eso que el tratamiento de esta enfermedad tiene que pasar necesariamente por una recuperación neuronal a través de un tratamiento de desintoxicación farmacológica controlada y monitorizada en un entorno hospitalario y ejecutada por profesionales de la medicina y la psicología.

Si en este momento el alcohol se está apoderando de tu vida, el primer paso es reconocer que tienes un problema, y el segundo buscar ayuda. Más allá de una determinación, no es por falta de carácter o porque no tienes fuerza de voluntad. Abandonar la dependencia no está completamente en tus manos. Necesitas de otros. Busca profesionales que te indiquen la manera adecuada de enfrentar este problema.

Finalmente, tienes también a la mano un recurso aún más importante. Jesús dijo: Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso”. Acerca tu vida a Cristo y reconócelo como tu Salvador. Él puede cambiar tu vida para que puedas salir del alcoholismo.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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