Soledad Archives | Página 2 de 7 | CVCLAVOZ

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Solo pero acompañado

“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” Isaías 41:10 (RVR 1960).

Algunas circunstancias de la vida pueden hacernos sentir el sabor amargo de la soledad en toda su intensidad. Ya sea que se trate del abandono por parte de un ser querido, una dolorosa pérdida o bien porque un hijo se fue de la casa, de cualquier manera nos sentimos invadidos por el sentimiento de soledad.

Así le pasó al apóstol Pablo, un gran líder, lleno de la presencia de Dios, pero justamente el día que tenía que presentarse ante el juez, él necesitaba más del apoyo de sus amigos; en cambio todos lo desampararon. ¡Cuántas veces nos hemos sentido así, con un gran sentimiento de soledad que nos produce angustia! Pero a pesar de esto, Pablo se aferró a Dios, al punto de afirmar: “En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta. Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas (…) 2 Timoteo 4:16-17 (RVR 1960) En esos tiempos, en los cuales, la soledad se hace presente pretendiendo consumirnos, debemos recordar que Dios está con nosotros, Él no nos desampara, además de ello nos da fuerzas para seguir el camino que tenemos por delante.

Por Neyda Cruz


El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

7 consejos para vencer la soledad

La soledad no es una cuestión de cuánta gente te rodea. Hay personas que se sienten solas cuando están en medio de multitudes. Mientras que hay otras que se sienten así cuando no tienen nadie más a su lado. La ciencia dice que la soledad, no el estado civil, es más dañino y letal que la obesidad (Para mayor información, leer: ¡La soledad mata más que la obesidad!). Por lo tanto, no es un tema que debamos menospreciar.
Algunas formas prácticas de vencer los sentimientos de soledad, son:

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

1, 2, 4Bargh, J. (2017). Before you know it (1era ed.). Nueva York: Simon & Schuster, Inc.
3Sandstrom, G., & Dunn, E. (2014). Social Interactions and Well-Being. Personality And Social Psychology Bulletin, 40(7), 910-922. doi: 10.1177/0146167214529799

 

¡Que no se apague el fuego!

¿Alguna vez has intentado mantener una vela encendida con el viento en tu contra? Seguramente has vivido esta experiencia cuando te encontrabas en un día de campo o tenías que cocinar al aire libre. A mí me sucedió hace poco cuando fuimos a la casa de un amigo con una torta a sorprenderlo por su cumpleaños, como el lugar era abierto el viento no permitía que la vela permanezca encendida; necesitamos la ayuda de varias manos para cubrir la vela del viento, fue bastante divertido.

Comparto esta anécdota porque los seres humanos siempre necesitamos del otro, somos seres sociales, una persona que se encierra en las tinieblas de la soledad simplemente está manifestando que no se encuentra bien, tiene un problema y necesita ayuda.

“Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; más cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol.” Éxodo 17:11-12

Moisés era un gran líder, un hombre que hacía milagros y prodigios con la autoridad de Dios, pero era humano; es decir, también se cansaba, era inseguro e incrédulo al principio, antes de cumplir el llamado que tenía; además en ocasiones no controlaba su enojo lo que provocó consecuencias negativas en su vida.

Por estas razones, Moisés necesitaba personas a su lado que lo ayudaran a levantar las manos cuando él se cansaba, de lo contrario perdería la guerra.

Los desafíos que enfrentamos en la vida son así, ninguno es autosuficiente. Si deseas vencer, tener éxito, salir victorioso del problema que enfrentas necesitas personas que te alienten y apoyen a salir adelante.

Así mismo, puedes ser tú el apoyo para otros, para que los demás permanezcan con el fuego del Espíritu de Dios encendido en su corazón necesitarán del apoyo de sus hermanos. Te animo a salir de la soledad, a buscar apoyo y apoyar a los demás para que la pasión por el Señor no se apague.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Manojito de deseos

Volver a ver, aunque sea por una sola vez, el arco iris de luz en las gotitas en los helechos después de la lluvia en la cuesta de Los Añiques, aunque dice un poema que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver.

Que la magia de un demiurgo diligente pueda revivir aquel sueño de la infancia en la que me encontraba en la orilla de un lago inolvidable, rodeado de luz y de paz, de árboles frondosos y colores que me contaban historias maravillosas.

Abrigarme en la paz y el silencio. Arroparme en una soledad amigable. Reposar en tranquilas conversaciones, más allá de toda disculpa, de toda recriminación y de requisitorias. Ser en otros y con otros sin sobresalto alguno.

Arrullarme en el seno tibio del perdón otorgado por quienes no recibieron de mí el bien cuando era debido, y cuando no también porque a la bondad nunca habría que amarrarla a razones y argumentos para negarla.

Redescubrir espacios diferentes, ensayar emprendimientos novedosos, dedicarse a oficios y ocupaciones inesperadas, disponer de los días y las noches de un modo singular. En otras palabras, encontrar nuevas definiciones para la palabra jubilado.

Perdón por la insistencia, pero construir una cabaña en la orilla del río, entre los cerros. Llenarla de lavandas, buganvillas y por qué no de lirios y cardenales de esos que amaba mi mamá. Sentarme en la galería en la tarde y sin palabra alguna hallar el tesoro escondido entre el corazón y la mente. Caminar hasta el pueblo para comprar marraquetas y paltas. Tomar la once. Y así sucesivamente.

Abrir todos los días el tesoro de las palabras, las antiguas y las nuevas, para componer todavía pequeñas crónicas, imprecaciones, poemas que no son poemas sino prosa poética, enojos indisimulados contra la maquinaria, postreras declaraciones de intenciones, comunicaciones urgentes antes de que la lámpara del pensamiento sea apagada, diminutos mensajes de esperanza.

Que nunca falten los libros, los viejos y los nuevos. Que todavía me abran sus puertas seculares y me estremezcan los sentidos, me revuelvan las entrañas, me consuelen y me amparen, me hablen de lo que fue y de lo que será.

Y finalmente, que nunca sea tarde para nada. Que siempre haya tiempo para lo que debo ser, para lo que se debo hacer, para lo que quiero hacer…

Depresión momentánea

Salmos 68.6 NTV Dios ubica a los solitarios en familias; pone en libertad a los prisioneros y los llena de alegría. Pero a los rebeldes los hace vivir en una tierra abrasada por el sol.

Los problemas y el carácter personal son ingredientes para que algunas personas sufran de depresión, no es algo que compras en el supermercado o en la tienda del barrio, ni aunque estuviera en oferta especial o te lo regalaran te lo llevarías; es algo que permites ingresar en tu vida y que agrava la situación por la que atraviesas sino tomas en cuenta a Dios, quien te brinda esperanza y te aparta de la soledad.

Un solitario vive alejado de las demás personas, luchando por su cuenta, aferrado a la esperanza de tener un futuro mejor; pero cuando las cosas comienzan a salir mal sufre de una desoladora frustración que lo lleva a toma malas decisiones, allí es cuando la depresión ataca y esa persona no debe estar sola por el riesgo que puede correr su integridad física, necesita ayuda.

La amistad y el compañerismo pueden ayudar a que la persona se sienta querida y que pertenece a un lugar. La iglesia es como un hospital donde los solitarios pueden sanar, un hogar lleno de personas que buscan conocer de Jesucristo y que pueden ser un instrumento del Señor para restaurar vidas.

Puede ser que por motivos de fuerza mayor te hayas separado de tu familia o no tengas una hasta el momento, date una oportunidad, alza tu voz, vamos no te quedes solo, no dejes que el tiempo pase así; hay congregaciones que tienen sus puertas abiertas para ti, encontrarás una nueva familia y amistades con las cuales tendrás increíbles aventuras y momentos inolvidables, dile no a la depresión instantánea.

Por Carlos E. Encinas

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Las redes sociales te hacen sentir solitario?

¿Alguna vez has estado revisando tus redes sociales y, pese a que tienes muchos amigos y comentarios en internet, te sientes más solo que nunca? No eres el único. Es más, una investigación confirma que las redes sociales pueden incrementar el sentimiento de soledad.

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Hunt, M., Marx, R., Lipson, C., & Young, J. (2018). No More FOMO: Limiting Social Media Decreases Loneliness and Depression. Journal Of Social And Clinical Psychology, 751-768. doi: 10.1521/jscp.2018.37.10.751

Nostalgia del futuro

Un espacio entre el cielo y la tierra. Tal vez una cabaña a la orilla del río, en medio de la montaña, lejos pero cerca. Arboles gigantescos, álamos o eucaliptos que desenreden el viento en las tardes de verano. También sería bueno una galería abierta que se convierta en platea para “catear” la luna tarde en la noche y donde despejar de tanto en tanto un vaso de vino.

Una charla improvisada sin reclamos ni tomas de razón; sólo estar ahí y dejar que la cabeza desagüe su diluvio de pensamientos atrasados. Alterar apenas la conciencia para detectar si algo uno ha aprendido o se tiene que tropezar en lo mismo de nuevo. Tener la presencia de ánimo para deshacer los malos tratos que uno le propinó a los inocentes y a los no tanto. Desbrozar con pausada dedicación la hierba que anduvo creciendo en el caminito de la amistad – si fuera posible.

Una cierta disposición a dejar – o disminuir – las cosas que hacen mal: el enojo, el azúcar, la pena, las harinas, el remordimiento, algunos vicios innecesarios, el resentimiento, el sedentarismo (¿Por qué me cuesta tanto todavía adoptar el gusto de caminar los cerros y las orillas?), la soledad, más allá de su medida recomendable, digamos. Y cosas así…

Paciencia y más compasión con las cosas que no van a cambiar nunca o se van a demorar mucho en ser diferentes. Sensibilidad para captar las que ya están cambiando y humildad para reconocerlas. Disposición a colaborar con quienes tienen las ganas pero no los recursos. Acompañar a otros en sus tareas y más generosidad con el tiempo propio.

Anaqueles para los libros de todos los tiempos y para los nuevos. Más horas para leer y menos para mirar series y noticias. El papel, el papel que nada ni nadie podrá cambiar para mí aunque un día ya no haya más documentos materiales y todo sea nubes y soportes virtuales. Tiempo para las librerías de viejo o la sección de “baqueteados” de Expolibro donde se hallan pequeños grandes tesoros, como el del otro día cuando encontré Climas de André Maurois.

Finalmente, menos, mucho menos ropa y zapatos, menos artefactos, muebles y aparatos. La comida y la bebida justa. Las ventanas, la luz del día, los cuadros absolutamente necesarios. Y desde el principio de los tiempos de mi vida hasta el último día, el silencio. El silencio respetable, señorial, educado, sensible, oportuno…

No me sentiré solo cuando encuentre a mi pareja

La soledad puede quitarte tu felicidad. No importa si tuviste una gran semana sin drama o una gran experiencia, en el momento en que te sientes solo, todas esas bendiciones no se tienen en cuenta. 

En el momento en que las personas solteras se sienten solas, creen que simplemente pueden resolver ese estado incómodo al encontrar a alguien que pueda completarlo. Por lo tanto, la solución común es encontrar un novio o novia que los valore, pase tiempo con él o ella, le ayude a superar sus dificultades y satisfaga cualquier necesidad física (como abrazos, besos o tomarse de las manos).

Todos estos deseos parecen agradables y satisfarán esos deseos, que también pueden ser necesidades, pero serán temporales.

Sin embargo, hay muchos casos en que las personas que encuentran a su pareja y comienzan a sentirse solas. ¡Si le preguntas a varias personas casadas si pasan por momentos en que se sienten solos, te sorprenderías! Puede ser impactante porque se tienen el uno al otro, pero a veces extrañan su soltería y desean poder salir con sus amigos como antes. Puedes decir: “¡Uau! ¿Por qué mencionaste algo tan serio como el matrimonio?” La razón es que el matrimonio es el lugar donde menos esperan encontrar la soledad cuando la pareja vive junta, se ayudan mutuamente y comparten responsabilidades. Todos estos son signos de no estar solo. Esto es similar a cuando alguien compra el celular que siempre ha querido, solo para darse cuenta de que quiere el más reciente porque no está conforme con las cosas que no tiene su presente celular. Lo mismo pasa en una relación: una persona que encuentra la relación que busca, después se da cuenta que no están conforme con la relación y se siente sola.

He encontrado sitios web que brindan consejos a las personas en relaciones que se sienten solos sobre cómo superarlos y explican por qué se sienten así. Algo que generalmente dicen es que las personas que creen que alguien los completará tienen una visión equivocada de una relación, y estoy de acuerdo con eso al cien por ciento. Solo porque estoy de acuerdo no significa que no me sienta solo a veces ni me lo quita, pero me da la claridad de que sentiré la soledad independientemente de cuál sea mi estado de relación.

Esto puede ser algo que haya escuchado muchas veces antes, pero es la verdad. Dios es el único que puede desaparecer esa soledad. 

Incluso Jesús reconoció que el Padre estaba con Él en Juan 16:32-33 cuando tomó la copa de la voluntad de Dios. (“Miren que la hora viene, y ya está aquí, en lo que ustedes serán dispersados, y cada uno en su propia casa y me dejarán solo. Sin embargo, solo no estoy, porque el Padre está conmigo. Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán las aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.” (NVI)) Él, que pasó por la crucifixión solo, se aferró a Dios reconociendo que él estaba allí.

No estoy diciendo que será fácil, pero estoy diciendo que hay ventajas y desventajas en ambos; estoy diciendo que hay esperanza; estoy diciendo que una vez que encuentres a Dios, ya no sentirás la soledad.

El apóstol Pablo, que luchaba constantemente porque iba a evangelizar a otros y muy probablemente luchaba con la soledad debido a eso, dijo en Filipenses 4:12-13, “Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (NVI) Llegó a la conclusión de que Dios era el único que cumplía sus deseos. Tal vez no te lo parezca ahora mismo, pero Dios hará lo mismo por ti. Puedes encontrarlo en otro lugar, pero será permanente con Dios.

 

 

 

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¡La soledad mata más que la obesidad!

Algunos artículos proclamaban que la soltería podía matar a alguien más que la obesidad. Sin embargo, lo que en realidad mata no es la soltería, sino la soledad.

De acuerdo a un comunicado de prensa de la Asociación Americana de Psicología, la soledad y el aislamiento social representan un peligro para la salud más que la obesidad. Anteriormente se había comprobado que la soledad empeora considerablemente el estado de salud de una persona, pero ahora se descubrió que es más letal que la mala alimentación. (Para mayor información, leer el artículo ¡La soledad agrava las enfermedades!)

El comunicado explica que como seres sociales, conectarnos con otros es una necesidad para nuestro bienestar y sobrevivencia. No obstante, los índices de soledad están creciendo en todas partes. Por ejemplo, en los Estados Unidos, aproximadamente 42.6 millones de personas sufren de soledad crónica. Además, las estadísticas indican que hay un alarmante número de gente que sufre de depresión. «Estas tendencias sugieren que los estadounidenses se están volviendo menos conectados socialmente y experimentan más soledad», señala la profesora de psicología en la Universidad Brigham Young, PhD. Julianne Holt-Lunstad.

Según 148 estudios realizados en más de 300 mil participantes, las personas que tienen mayor conexión social reducen al 50 % el riesgo de morir prematuramente. En otra serie de 70 estudios hechos en 3.4 millones de personas en diferentes continentes, se descubrió que la soledad, el aislamiento social o el vivir solos tienen un efecto significativo en el riesgo de muerte prematura. En contraste, las personas que sufren de obesidad tienen un riesgo 45 % mayor de muerte.

Estos resultados indican que la soledad sí es más letal que la obesidad; sin embargo, este hecho no es una justificación para descuidar nuestra alimentación. Todas las decisiones que tomamos a diario influyen en nuestra calidad de vida y, tarde o temprano, pagaremos por nuestros buenos o malos hábitos. Por lo tanto, no solo debemos preocuparnos en consumir alimentos saludables, sino también de alimentar nuestra mente y espíritu.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

-American Psychological Association. (2017). So Lonely I Could Die. Recuperado el 26 de octubre de 2018, de https://www.apa.org/news/press/releases/2017/08/lonely-die.aspx
-Harvard T.H. Chan School of Public Health. (2016). As overweight and obesity increase, so does risk of dying prematurely. Recuperado el 26 de octubre de 2018, de https://www.hsph.harvard.edu/news/press-releases/overweight-obesity-mortality-risk/

¿Crees que estas solo en medio de la aflicción?

El sufrimiento es una sensación  que muchos no quieren experimentar en su vida, ya que produce dolor en el corazón y llega a afectarnos en muchas áreas.

Sin embargo, en medio de cualquier aflicción se extiende la mano de Dios para socorrernos. Dice 2 Reyes 13:4 “Mas Joacaz oró en presencia de Jehová, y Jehová lo oyó; porque miró la aflicción de Israel, pues el rey de Siria los afligía.”

Dios se apiadó de su pueblo a pesar de que ellos le dieron la espalda, y por la oración de Joacaz su mano de misericordia se extendió para que el sufrimiento se aparte de ellos.

En medio de la tormenta, eleva tu oración sincera a tu Padre Celestial, y si tienes que ponerte a cuentas con Él ¡hazlo! Porque no hay nada más conmovedor para Dios que  un pecador que se arrepiente de corazón y se vuelve a Él.

Siempre te esperará su perdón, la restauración de la relación con Él y la fortaleza para superar las aflicciones. Por muy lejos que te hayas apartado, Dios nunca dejará de ser tu Padre, con cuerdas de amor te atraerá hacia su Presencia y te socorrerá.

¡No estás solo!

 

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La noche y el desierto

El ómnibus se detiene en la terminal de un diminuto pueblo en medio del desierto. Deben ser las tres o cuatro de la noche. Igual, la hora no me interesa mucho. “Treinta minutos de detención” anuncia el auxiliar. Al bajar me despabila un aire helado y seco. Algunos pasajeros ateridos se acercan a la barra del kiosko en busca de un café. Yo prefiero caminar hacia la oscuridad que está ahí no más, a unos pocos metros.

El cielo se me viene encima con su negro silencio. Me alejo un poco más. Arriba, un mudo concierto de estrellas, tantas como nunca vi. Abajo, una oquedad inasible, ilimitada.  Adentro, una pena sin rostro, la odiosa letanía de las preguntas sin respuesta. Qué armonía feroz.

Tengo que pensar. Tengo que encontrar algún sendero, una huella aunque mínima, perceptible, un indicio. No hay mapas para los defenestrados. Los agresores son llevados a las puertas de la fortaleza y lanzados al desierto (al cabo que ni quería quedarme en la fortaleza). Que las fieras se hagan cargo. No hay piedad para la disensión. No hay lugar para las maquinaciones de esos traficantes de los sentidos que seducen a la Inmensa Mayoría.

Me fijo de pronto que allá lejos, pero bien lejos, titilan unas luces. Un pueblito tal vez, un caserío. Unas pocas gentes que resisten la hostilidad de este territorio lunar. Encontraron cómo vivir y qué hacer en esta soledad inaudita. ¿Le encontraron el tesoro a la soledad? ¿Arañaron la tierra y descubrieron terrones de vida, poca pero suficiente? Quiero ir y preguntarles cómo se vive así, qué segunda oportunidad es posible en este páramo, qué sentido tiene insistirle al desierto…

Tal vez la soledad no sea imposible. Quizá no sea tan fiera después de todo. Quién sabe si con el tiempo le brinde a uno alguna caricia solidaria, algún arrullo cómplice cuando aprieta el frío. Capaz no sea más que la tarifa que se paga por no tener horarios y no rendir reportes de lugar y quehacer. Tengo que pensar en eso un poco más. Pero no esta noche. Estoy un poco cansado. Mañana lo haré. Me alivia pensar que no tengo que resolver todo ahora.

Volvemos al ómnibus y a la negra noche de la ruta. Antes de dormirme, se me ocurre pensar que el desierto de noche debe ser lo más parecido al lado oscuro de la luna… 

Inventario extremo

El mar de dudas que podría llegar a ser mi único legado posible. La inclinación cada vez más intensa a no decir “lo correcto”. La madre de todas las batallas contra la extinción de las palabras y el arte de la conversación. El creciente distanciamiento de las autodenominadas figuras de autoridad. La rebeldía como gestión del pensamiento independiente. El escepticismo creciente respecto del discurso, la predicación, la consigna, los disparadores y las llamadas de atención.

Las duras negociaciones con la soledad adquirida. El resentimiento debido a las horribles maneras que se han inventado para matar el silencio (mención especial para el perro de un departamento aledaño que ladra angustiadamente todas las noches a las horas más inesperadas). La grosería de los modos sociales. La insolencia de la picaresca. La desesperada búsqueda de la paz.

(Interludio)

“No hay que leer libros para saber lo que dicen sino para saber qué es lo que quieren decir”.

(Guillermo de Baskerville en El nombre de la rosa, Umberto Eco)

El viaje. El otro, el absolutamente otro lugar. Mi sur austral, inmensa geografía ausente. Mi insanable nostalgia de monte, neblina y bosque. El no ser en aeropuertos y terminales. La noche que arrulla la ida y vuelta a Nunca Jamás.

Los cuadernos de la memoria, algunos guardados y otros esparcidos en anaqueles y vecindarios ajenos. Los antiguos intentos por abrir un boquete en los muros de la institución y en la mente uniformada – “another brick in the wall”.

La vida fuera de la baldosa común. Bailando en la oscuridad y como tantas veces las ganas de no tener más ganas y alguna noche las ganas de tenerlas. El esplendor en la hierba. Las hilanderas de la luna. Un poco de la “música de mi vida”, la silenciosa fidelidad de los libros y el cierre total de todo canal y portal de noticias porque ya basta de contemplar cómo los pueblos cometen suicidio todas las horas todos los días.

Finalmente, explico que a veces me canso de la escritura técnica, tan necesaria que es y tan poco agradable para el pulso y la mente cansada. De modo que cualquier intento de hallar aquí hoy alguna enseñanza o valiente conceptualización es absolutamente inútil. Esta es literatura descartable, amigas y amigos.

Una autoindulgencia de viernes, digamos…

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