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Tiempo de lectura: 2 minutos

Una pregunta bastante interesante dice: “Si se pelearan dos perros, uno blanco y el otro negro, ¿Cuál ganaría?” La mayoría responde que el blanco, pero la verdad es que el negro también tiene las mismas oportunidades de vencer.

Al ponerles dos colores opuestos a ambos animales, inmediatamente uno no puede dejar de pensar que se tratan de dos fuerzas que están en constante pugna; blanco y negro, el bien y el mal, la carne y el espíritu, la confianza y el escepticismo, etc.

Pablo tiene una forma elocuente de decirlo: “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.” Gálatas 5:17 versión Reina-Valera 1960

Imagina dos potencias enfrentándose entre sí por el domino de tu vida y que ambos habitan dentro de ti. Es interesante lo que ocurre, ambas fuerzas están subyugadas a nuestra propia mayordomía y a la que terminemos sometiéndonos, será la que ejerza dominio sobre nuestra conducta. Eso siempre ha ocurrido así.

Hay muchas personas que conocen a Dios, asisten a los servicios y hasta forman parte de un ministerio, pero continúan con viejos hábitos como la mentira, el chisme, la ira descontrolada, palabras soeces, la pornografía, etc. Su esfuerzo humano no es suficiente como para dejar esos malos hábitos.

Galas 5 del 16 en adelante, expone una larga lista titulada “los frutos de la carne”, todos consecuencia de haber alimentado al “sabueso” incorrecto durante mucho tiempo. Es verdad que en algunos casos al llegar a los pies de Jesús, muchos son librados instantáneamente de las cadenas pecaminosas que antes los tenían presos, pero en ocasiones y dentro de la soberanía de Dios, uno debe empezar a alimentar al espíritu para que cualquier mala costumbre o hábito de una vida pasada, sea eliminada por completo.

Más adelante, el mismo capítulo de Gálatas menciona los frutos del espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. Y como si fuera poco, cierra diciendo: “contra tales cosas no hay ley”, es decir, no hay juicio. Gálatas 5:22

La carne y el espíritu, todo el tiempo luchan dentro de nosotros. Son como esos perros de la pregunta inicial que están en constante punga por el dominio absoluto de nuestra vida. Ambos desean vencer, pero solo  el más fuerte terminará dominando al otro.

La victoria de alguno de los dos está en tus manos; solo debes alimentar al que desees que gane.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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