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Tiempo de lectura: 2 minutos

Cuentan que  en los días primitivos de la colonización del oeste norteño en los Estados Unidos, un viajero solitario llegó a la orilla del río Misisipi al anochecer; el camino terminaba abruptamente al borde del agua y no había puente alguno.

Hacía un frío terrible, y ante la perspectiva de tener que pasar la noche en ese lugar despoblado y sin abrigo, el viajero empezó a andar con mucho cuidado sobre el hielo, temiendo a cada momento que, con un crujido, el hielo se resquebrajara y él fuera a parar al agua helada.

Había cruzado ya un buen trecho del río, cuando oyó que alguien se acercaba cantando a todo pulmón, y de vez en cuando, entremezclado con el canto se oía el chasquido de un látigo y gritos, así como el resonar rítmico de las herraduras sobre el hielo.

Cuando ya estuvo lo bastante cerca vio con asombro un carro cargado de enormes troncos de árbol arrastrado por cuatro caballos. Mientras tanto, él iba avanzando, a veces a gatas, muerto de miedo, temiendo que el hielo se hundiese bajo los pies.

En muchas ocasiones nos hemos encontrado, como el viajero, con la sorpresa de que el camino se acaba abruptamente y delante de nosotros sólo hay un lago congelado. No sabemos cuán fuerte es la capa de hielo, si soportará nuestro peso o si hay lugares más frágiles que otros. Simplemente debemos cruzar el lago.

Y mientras avanzamos con miedo, seguramente en el doble o triple de tiempo del que nos tomaría hacerlo confiadamente, hay personas que en lugar de escuchar el crujir del hielo, deciden elevar su voz y cantar mientras avanzar confiadamente.

Si en este momento te encuentras atravesando un terreno  desconocido, si estás parado sobre hielo o un lugar inestable, deja de andar a gatas, ponte de pie y camina con firmeza, sabiendo que Dios cuida de ti en todo tiempo y circunstancia. Canta, eleva tu voz y confiadamente camina hacia tu destino porque Dios prometió que siempre te cuidaría, Él es tu protector, tu ayudador y sus planes son de bien para tu vida.

“Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, Ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá El que guarda a Israel.  Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha.  El sol no te fatigará de día, Ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal;El guardará tu alma.  Jehová guardará tu salida y tu entrada Desde ahora y para siempre” Salmos 121: 1-8

Confía en las promesas de Dios, no temas por tu futuro, porque tu Guardador no permitirá que nada malo te pase, si permitió que llegues a un lugar así es porque tiene algo que enseñarte, quiere formarte para lo que vendrá y, sobre todo, quiere que confíes en Él.

Deja de escuchar el crujir del hielo, levántate y canta porque tu guardador no se adormecerá ni se dormirá. ¡Camina confiadamente!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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