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Uno de los íconos más grandes de la historia fue Alejandro Magno. Sus triunfos militares le dieron mucha fama y en poco más de una década, logró que su reino se extendiera desde Grecia, pasando por el Mar Egeo y el mar Mediterráneo, Asia Menor, Media, Egipto, Mesopotamia, Persia, Asia Central llegando hasta la India.

Tras su muerte fue ensalzado como el más grande de los conquistadores del mundo antiguo. Algunos lo llamaron un segundo Aquiles haciendo alusión a que era casi un dios, pero para otros como los Griegos no era más que un tirano que destruyó todas las culturas de las tierras que conquistó.

Su figura y legado han estado presentes en la historia tanto de Occidente como de Oriente, a lo largo de más de dos milenios ha inspirado a hombres como Julio César y Napoleón Bonaparte en sus actividades militares.

Pero detrás de todas esas conquistas y de toda esa grandeza hubo un escándalo al interior del palacio real en Macedonia, capital de su reino. Alejandro era un hombre que nunca supo controlar sus impulsos sexuales, tanto así que estaba constantemente inclinado a cometer actos de perversión contra sus propios súbditos.

Los escritos antiguos que fueron encontrados lo describen como un líder y estratega innato con mucha fuerza en batalla, pero débil para controlar sus emociones. Por ejemplo, tras la muerte de Hefestión, un amigo desde su infancia, Alejandro se volvió loco de dolor haciéndose afeitar la cabeza y las crines de los caballos del ejército, canceló todos los festejos, pintó de negro las murallas de la ciudad y crucificó al médico que lo había atendido. Una locura.

Aunque Alejandro fue un verdadero conquistador, nunca pudo gobernarse a sí mismo. Al respecto la Biblia dice: “Más vale ser paciente que valiente; más vale vencerse uno mismo que conquistar ciudades.” Proverbios 16:32 Versión Dios Habla Hoy.

Los impulsos amparados por los sentimientos siempre acarrean problemas; en momentos así uno podría encontrarse tomando malas decisiones, hablando indebidamente, comprando lo que no se necesita, invirtiendo sin sabiduría y hasta entregando el corazón a quien no debe. Los sentimientos son una parte de nuestro ser que siempre deben estar muy por debajo de las convicciones.

No importa los logros materiales o intelectuales que uno pueda tener, la verdadera conquista siempre será la que uno hace al dominar sus impulsos y sentimientos.

Proverbios 25:28 dice: “Como ciudad sin muralla y expuesta al peligro, así es quien no sabe dominar sus impulsos.” Versión Dios Habla Hoy

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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