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Cuando nos acercamos a Dios, tal vez no nos hemos puesto a pensar si nos estamos presentando a Él o consagrándonos.

Existe una gran diferencia entre presentar y consagrar, nosotros acostumbramos a presentar a Dios nuestros bienes y familia para poder recibir su gracia, protección y bendición. Pero algo muy diferente es la consagración.

Todo lo que tenemos, hemos conseguido y somos, solamente se ha logrado por la voluntad y la ayuda de Dios, pero Él quiere algo más.

Dice su Palabra “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.” Romanos 12:1

Esto quiere decir que consagración es dar mi vida a Dios para que Él haga su voluntad en vez de la mía. Significa que presento mi cuerpo como un «sacrificio vivo» a Él.

Me consagro al Señor para hacer su voluntad dondequiera que esté, en la escuela, en el hogar, en el trabajo o a cualquier parte que me envíe. Dios es quien decide lo que quiere que yo haga y dónde quiere que le sirva, y lo que Él escoja para mí seguramente será lo mejor.

Analiza cómo has estado acercándote a Dios y si en verdad te estás consagrando completamente, entregando lo que eres, lo que tienes y tu futuro.

Recuerda, la consagración es continua, debemos hacerla cada día en cuanto abrimos los ojos para que diariamente Dios haga su voluntad en nosotros.

Somos de Dios y a Él debemos volver.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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