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Un pueblo ubicado en una escarpada montaña; caracterizado por sus casas cuadradas, adornadas, con canales, construidas con piedra y revoque. Existían unos 120 habitantes y aproximadamente 30 casas. Un pueblo que soñaba con un imperio universal bajo el mandato de un mesías conquistador, que impondría su voluntad por la fuerza. El futuro era el tema central de conversación entre aquellos hombres y la incertidumbre constituía un rasgo característico de su personalidad como pueblo.

Pero debemos saber que el Antiguo Testamento no menciona este pueblo y tampoco lo hizo Flavio Josefo en sus obras (conocido escritor  de Galilea). Era un humilde pueblo ignorado por los hombres, tan ignorado que se cuestionaba ¿de Nazaret puede salir algo bueno? Juan 1: 45-46, pero fue elegido por Dios para que habitase allí su hijo, el Salvador, el Rey de Reyes, Isaías 11:1, Lucas 2:39b: “volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret”.

Muchas veces hemos pasado por tiempos donde creemos que no merecemos nada, que somos muy  insignificantes para lograr grandes cosas, nunca nos miramos como hombres o mujeres que cambiarán la historia de este mundo, hasta llegamos a creer que hemos nacido para fracasar y vivimos lamentando nuestra existencia, haciendo del sufrimiento un estilo de vida.

Pero que gran ejemplo es Nazaret, ejemplo de la obra y misericordia de Dios, Él no ve lo que nosotros vemos, o lo que los otros ven, Dios ve y declara aquello que radica en su poder. Él ve en ti la fortaleza que puede cambiar lo imposible.  ¡Qué gracia más grande que Dios elija aquello que es inmerecido para que habite allí, lo grandioso y lo bello!

La gloria de Dios en un pueblo que no cobraba importancia, un poblado que no tenía nada bueno, ese lugar fue elegido para que habitase allí el hombre más importante de la historia, el salvador del mundo.

Tal vez te preguntas ¿Por qué Dios tuvo gracia y amor para aquellos que no lo merecían? Dios, desde el principio ha mostrado su carácter de misericordia y Él está dispuesto a perdonarnos, pero no sólo eso, sino a hacernos partícipes de experimentar la gloria de Dios. Esa misma gloria que te llevará a escribir una historia de valentía, tenacidad y santidad.

La gloria de Dios es derramada por su misericordia en nuestras vidas, aquello que no era digno, por Cristo, es digno y tanto como para experimentar su presencia. Es nuestra labor prepararnos para recibir la gloriosa presencia.

El que creó los cielos y la tierra, El que fundó el universo, Él desea llenar tu vida con su gloria; por eso debes preparar tu corazón para experimentar lo transformador y lo nuevo, y disponer tu vida para que muchos que creían que no tenías nada bueno, puedan ver en ti la gloria misma de Dios.

1 Corintios 1:28-29 dice “y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es…”.

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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