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Antiguamente en las batallas los primeros hombres que iban al ataque eran los más fuertes y estaban armados con un escudo robusto y una enorme espada que solía tener medidas desproporcionadas. Esta primera línea de soldados debía estar formada por personas bastante fuertes ya que sus armas podían llegar a pesar varios kilos. Su función era la de romper la línea enemiga asentando golpes para herir a sus adversarios e intimidar a todos los que se le atravesaran.

Entre los diferentes modelos de espadas grandes que existieron quizá la más conocida era la Claymore: Era un arma que sólo se podía dominar usando las dos manos por su gran tamaño y peso, tenía doble filo y sólo podían empuñarla hombres con una gran destreza y fuerza muscular.

Los herreros de la época no sólo se ocuparon de hacer un arma letal, sino que también querían hacer una verdadera obra de arte. Aunque el trabajo les podía llevar bastante tiempo por tener que usar metales purificados, encender y mantener el carbón a altas temperaturas para poder forjar la espada, darle un balance perfecto entre empuñadura y punta, y agregarle toques artesanales, al final todo el esfuerzo valía la pena al ver el resultado.

La Claymore es sólo un ejemplo de los varios tipos de espadas que se usaban en las batallas de la época medieval y la época del renacimiento. Aunque sabemos que posteriormente y con la invención de las armas de fuego poco a poco dejaron de usarse, nunca dejará de ser un símbolo de poder.

El apóstol Pablo hace una ilustración sobre la armadura del Dios en Efesios 6:10-18, sobre todo el verso 17 dice: “Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.” Versión Reina-Valera 1960

La comparación hecha entre una espada y la Palabra de Dios mejora la comprensión del poder que nos es dado. Así como la Claymore era un arma poderosa para batallas cuerpo a cuerpo y dependiendo de quien la empuñara podía ser tremendamente letal, de la misma manera el conocimiento que uno pueda tener de la Biblia podrá ser efectivo en manos de quien lo use.

La pregunta en torno a esto es: ¿Qué tan grande es el conocimiento que se tiene de Dios a través de su palabra?, de la respuesta depende que uno pueda librar batallas espirituales: mucho conocimiento será igual a una gran y poderosa espada, poco conocimiento será igual a una espada mucho más pequeña y quizás hasta inofensiva.

Somos herreros y también soldados, nosotros mismos forjamos el arma con la que defenderemos nuestra salvación y a la vez con la que avanzaremos para llegar a la meta del supremo llamamiento.

“Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.” 2 Corintios 10:4  Versión Reina-Valera 1960

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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