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“Entrégale a Dios tu amor, y él te dará lo que más deseas.” Salmos 37:4 (TLA)

Hay muchas cosas que nos hacen felices, un obsequio, una comida especial, una llamada telefónica y estar con nuestros seres queridos, entre otras cosas. También existen ciertos detalles que nos sorprenden y alegran nuestro corazón de manera especial.

¿Algún deseo íntimo que tuviste ha sido realizado de una manera inesperada? Quiero pensar que sí, y te comparto que hace unos días tuve una grata sorpresa: encontré, en medio de la calle, un pequeño peluche de un conejito que dice: “I love you” (Te amo) cuando tocas un botón.

Puede parecer que no es de valor o de gran importancia, pero para mí sí lo es, ya que  días antes, en medio de una charla, recordé que tengo gusto por los pequeños peluches y que hace tiempo no tenía uno. Estoy segura que Dios concede nuestros anhelos aunque parezcan insignificantes para recordarnos que nadie más que Él conoce nuestro corazón, nuestros deseos y lo que necesitamos.

¿Por qué Dios concede nuestros anhelos? Por amor y para su gloria, Él debería ser suficiente para nuestra felicidad constante. Charles Spurgeon escribió algo al respecto: “…Que haya un Dios es motivo suficiente para hacer que el hombre más infeliz sea feliz si tiene fe. Las naciones se derrumban, las dinastías caen, los reinos se tambalean, qué importa, puesto que hay un Dios… ¡Jehovah es Rey! Venga lo que venga…Para nosotros que conocemos nuestra insensatez, que Él sea sabio debe ser motivo de gozo. Para los que temblamos a causa de nuestra debilidad, que Él sea todopoderoso debe ser causa de regocijo. Que Él sea eterno debe ser siempre el tema de nuestra música, cuando nos damos cuenta que somos hierba y nos secamos como la hierba verde. Que Él sea inmutable debe darnos una canción, pues nosotros cambiamos cada hora y no somos los mismos por mucho rato. Que Él esté lleno de gracia, que desborde gracia y que en el pacto, Él nos haya dado esta gracia, que sea nuestra, nuestra para limpiarnos, nuestra para guardarnos, nuestra para santificarnos, nuestra para perfeccionarnos, nuestra para llevarnos a la gloria, todo esto debería impulsarnos a deleitarnos en Él.”

Los anhelos que Dios nos concede no se comparan a lo que Él mismo es, su majestad, amor, poder y gracia son más que cualquier otra cosa en este mundo.

Dios te ama y te lo recordará con cada detalle que sea necesario, sólo debes estar atento.

“Que nuestro Señor Jesucristo mismo y Dios nuestro Padre, quien nos amó y por su gracia nos dio consuelo eterno y una esperanza maravillosa, los conforten y fortalezcan en todo lo bueno que ustedes hagan y digan.” 2 Tesalonicenses 2:16-17 NTV

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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