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En el año 1949, David Ben-Gurion, Primer Ministro de Israel asumió el reto de convertir a su nación en un país habitable y próspero. Pero el problema era que sus tierras eran estériles, contaba dentro de su territorio con muchas zonas desérticas.  Solamente llovía dos o tres veces al año, pero para colmo de males, no existía en las cercanías ninguna fuente de agua que pudieran utilizar para riego.

Pero esto no detuvo al primer ministro, por el contrario, mandó a llamar a los mas ilustres científicos de su nación bajo una consigna; ¿Cómo hacer florecer el desierto? Entre otros, Joseph Weitz se presentó para ser parte de esta gran misión, pero lamentablemente no fue elegido.

Al pasar algunos días Ben-Gurion preguntó en que había quedado el proyecto de florecer el desierto, a lo cual le respondieron: “Señor, los científicos dicen que lo que usted quiere hacer, es imposible”. El primer ministro respondió, “Si ellos no pueden, traigan otros científicos que si lo puedan hacer.” Entonces buscaron a los que antes habían sido rechazados, y así fue que ahora Joseph Weitz fue el elegido para aquel gran proyecto. En 1965 lo nombraron Ministro de Tierra y Forestación de su país, y fue parte crucial de la revolución agrícola más grande del mundo.

La historia de Joseph es verídica y tiene puntos similares a un relato de Jesús. Un grupo de hombres veían tristemente pasar las horas del día sin que alguien los contrataran, pero el Señor de la viña salió por las calles y entre tanta gente les preguntó “¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados?”, ellos le dijeron: “Porque nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo”. Mateo 20:6-7

Aquel puñado de hombres estaban realmente tristes por no haber sido contratados, pero aunque el día había transcurrido de modo tal que solo faltaba una hora para completar la jornada laboral, ellos permanecieron en la plaza. No se fueron decepcionados a sus casas, esperaron con paciencia que alguien los contratara.

Esa fe que hizo que esperaran hasta el último momento sin desmayar, fue recompensada.

Quizás estas esperando para servir a Dios con tus talentos y aun esa oportunidad no ha llegado, pero no te desanimes ni te vayas resignado, sigue esperando atento pues el Señor de la viña está pasando frecuentemente buscando obreros para su mies.

Al igual que Joseph Weitz y los obreros de la undécima hora, en cualquier momento Dios ejecutará una obra en la cual podrás ser parte. Solo espera pacientemente con fe.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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