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Tiempo de lectura: 2 minutos

Un hombre encargó a cierto artista la ejecución de una escultura y visitando su estudio, después de una ausencia de varias semanas, le pareció que la obra no había hecho ningún progreso.
– ¿Qué has hecho en todos estos días? – Preguntó el caballero al artista.
– Trabajar en esta figura.
– Pero no veo nada nuevo en ella después de mi última visita.
– ¿Cómo?- Replicó el artista- He sacado un poco más de este músculo, he modificado esta parte del vestido, he cambiado ligeramente la expresión de este labio…
– Pero esas son insignificancias, pequeñeces – dijo el caballero.
– Es verdad señor, pero la perfección la constituyen precisamente las pequeñeces que parecen insignificantes.

Nuestra vida es como esa escultura que para ser perfecta debe ir trabajándose poco a poco cada día en aquellas cosas que quizás parecen pequeñas e insignificantes pero que si no se corrigen no nos permitirán llegar a ser aquello que estamos destinados a ser.
Muchas veces, queremos cambiar de golpe algo que no nos gusta o que nos molesta y cuando no podemos nos frustramos y enojamos. Pero lo cierto es que los cambios deben ir dándose día a día.
“No quiero decir que ya haya logrado estas cosas ni que ya haya alcanzado la perfección; pero sigo adelante a fin de hacer mía esa perfección para la cual Cristo Jesús primeramente me hizo suyo”. Filipenses 3:12 (NTV)
En este camino hacia la perfección todos tendremos días buenos y malos. Quizás hoy tengamos un gran día y podamos dominar nuestro carácter, logremos leer la Biblia como nos propusimos o dediquemos más tiempo a nuestra familia y, posiblemente, mañana fallemos en algo; pero eso no debe derribarnos y hacernos retroceder. Debemos ser conscientes de que cada día es una nueva batalla y que todos los días debemos encomendar nuestras vidas a Dios para que Él vaya puliéndolas y haga de nosotros hermosas obras de arte.
Quizás no veas grandes cambios de un día a otro pero ten por seguro que si te esfuerzas cada día un poco en ser mejor, los cambios se darán y llegarás a ser esa persona que Dios quiere que seas.
Recuerda que los verdaderos cambios, esos que perduran, no suceden de la noche a la mañana, necesitan perseverancia y esfuerzo, así que no te desanimes y continúa luchando.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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