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Tiempo de lectura: 2 minutos

Se cuenta que en una oportunidad, Bruce Barton se refirió a una parábola sobre los mares de Palestina.

Uno de ellos es de agua dulce, lleno de peces y de vida por todas partes. Hay árboles en la ribera, donde los pájaros hacen sus nidos. Los hombres edifican casas junto al agua cristalina, y todos están más contentos a causa de este mar, llamado de Galilea, creado por el río Jordán.

El otro mar está formado también por el río Jordán pero, a diferencia del primero, aquí no hay peces, ni canto de pájaros, ni niños que jueguen, no hay  vida de ninguna clase. Sólo hay muerte y desolación.

Ambos ríos reciben la misma agua y los toca el mismo sol. Los dos se hallan situados en el mismo país. Pero la diferencia es que uno solamente recibe, mientras que el otro recibe y devuelve. El mar Muerto sólo acepta, sin devolver nada y el resultado es la muerte.

Lo mismo sucede con los seres humanos. Muchas veces encontramos que en una misma familia hay diferencias radicales entre hermanos y se puede ver cómo uno prospera y el otro no; o en el trabajo vemos empleados que empiezan con la misma jerarquía, obligaciones similares, el mismo trato pero uno avanza y el otro no.

La diferencia está justamente en qué hace cada uno con lo que recibe. Aquellos que toman lo que se les da y lo trabajan, transforman y devuelven, son los que avanzan y prosperan. Estas personas han comprendido que el guardar egoístamente todo lo que llega a sus manos, sin dar nada, solamente hará que sus vidas se estanquen, nada crecerá alrededor ni nadie querrá estar cerca de ellos.

Por algo en Hechos 20:35 se nos recuerda las palabras de Jesús: “Y he sido un ejemplo constante de cómo pueden ayudar con trabajo y esfuerzo a los que están en necesidad. Deben recordar las palabras del Señor Jesús: “Hay más bendición en dar que en recibir” (NTV)

¿Qué tipo de persona eres tú? ¿Qué haces con lo que recibes? Si aún no lo has meditado es un buen momento para que reflexiones y cambies de rumbo si es que solamente has estado recibiendo sin entregar nada. Que tu vida no se estanque sólo por egoísmo, por no saber ser  agradecido y devolver aquello que recibiste de gracia. Lo que recibes de gracia debes darlo de igual manera.

La gente que ha prosperado es aquella que ha comprendido que de nada sirve acumular riquezas y conocimiento si no se comparte con los demás, si no pones en práctica lo aprendido. Da con amor y agradecimiento, devuelve aquello que recibiste y verás cómo cambia tu vida.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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