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Tiempo de lectura: 2 minutos

Cuentan que en cierta ocasión un europeo que visitaba una aldea en la India, discutía con un lugareño y mientras lo hacía se apoyaba contra el muro de una casa. De repente una mujer salió del lugar gritando muy agitada:

–          ¡Aléjese de aquí!

–          Pero, ¿por qué? – preguntó el europeo, sorprendido.

–          ¿Ve usted esta hendidura en el muro? Dentro de algunos minutos  saldrá una cobra de ahí para beber este tazón de leche que le he preparado, pues es un animal sagrado, al cual hay que complacer.

El hombre no se hizo de rogar, retrocedió unos pasos y aguardó curioso, pero inquieto a la vez.

Pronto la cabeza de la cobra apareció y su largo cuerpo se desenrolló. Tomó la leche hasta la última gota y se metió otra vez en la hendidura.

Algunas semanas más tarde, el europeo volvió por la aldea y cuando pasaba por la casa donde había visto a la cobra, se encontró con el propietario vestido de luto.

–          Mi esposa ha muerto- dijo él, y sus ojos se llenaron de lágrimas.

–          ¿Ha muerto? ¡Pero me pareció que gozaba de buena salud!

–          Sí, pero la cobra la mató. Ésta tomaba su leche como de costumbre, cuando por descuido mi esposa la tocó con su pie. El animal se dio vuelta y la mordió. Poco tiempo después ella murió.

En muchas ocasiones vemos el pecado como algo inofensivo, creemos tenerlo bajo control. Algunos lo alimentan con mucho cuidado, como la mujer del relato, pensando que así estará tranquilo y nunca los dañará. Sin embargo, lo cierto es que no debemos jugar nunca con las tentaciones y los pecados, por el contrario, en estos casos, es de valientes huir.

No te pongas a medir fuerzas con el diablo, si bien en Cristo somos más que vencedores, también se nos exhorta a resistir al diablo: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” Santiago 4:7 (NTV)

No es sabio ni coherente criar a un animal que puede terminar con tu vida en cualquier momento. Del mismo modo no es sensato cuidar con esmero la envidia, los celos, la amargura, la mentira, los vicios y tantas cosas más que solamente terminarán por robarte la paz, el gozo, tus sueños, tu familia y hasta tu relación con Dios.

Antes de estar alimentando todas esas cobras que acabarán con tu vida, deberías esmerarte más en buscar y cultivar los frutos del Espíritu Santo:

“En cambio, la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad,  humildad y control propio. ¡No existen leyes contra esas cosas!” Gálatas 5:22,23 (NTV)

Si has estado criando una cobra, como si fuera una mascota, es tiempo de deshacerte de ella, no vaya a ser que después sea demasiado tarde y termine matándote.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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