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Pablo, por liberar a una mujer de un espíritu de adivinación, juntamente con Silas fue arrastrado hasta la plaza ante las autoridades. Entonces, la multitud se amotinó contra Pablo y Silas, y los magistrados mandaron que les arrancaran la ropa y los azotaran. Después de darles muchos golpes, los echaron en la cárcel y ordenaron al carcelero que los custodiara con la mayor seguridad.
Al recibir tal orden, éste los metió en el calabozo interior y les sujetó los pies en el cepo. A eso de la medianoche, Pablo y Silas se pusieron a orar y a cantar himnos a Dios, y los otros presos los escuchaban. De repente se produjo un terremoto tan fuerte que la cárcel se estremeció hasta sus cimientos. Al instante se abrieron todas las puertas y a los presos se les soltaron las cadenas… (Hechos 16:16-40)
La vida generalmente está llena de injusticias, de las cuales no nos podemos librar. Muchas veces, al igual que estos hombres podemos estar pasando por momentos difíciles; por situaciones adversas, llevando dolor y tristeza, siendo golpeados por los demás, pensando rendirnos y dejarlo todo.
Pero cuando leemos esta historia vemos que Pablo y Silas,  en vez de quejarse y dejarse vencer, se pusieron a orar y cantar a Dios.
Orar y alabar a Dios tiene tanto poder que al final de la historia dice que se produjo un terremoto, hasta el punto que las cadenas se soltaron. Cuando la aflicción, la angustia y el dolor lleguen, aprendamos de estos dos siervos y comencemos a orar y a alabar.
Ante la crisis financiera, matrimonial, ante la pérdida de un ser querido, ante la enfermedad, cuando la carga que nos aplasta, tenemos una alternativa gloriosa: orar, alabar y adorar.
Orar y alabar al que tiene el absoluto control de la circunstancia y de nuestra vida, y aún tiene el control de la cárcel más oscura y profunda en la que nos podamos hallar. Tiene tal control que es capaz de sacudirla, abrir sus puertas, soltar las cadenas y darnos la libertad.
Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación. Antes que nacieran los montes y formaras la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios. (Salmos 90:1-2 RV1960)

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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