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Cuando Teodoro Roosevelt era presidente en los Estados Unidos, fue a una cacería en África. En el viaje de regreso estuvo con él un misionero que se retiraba tras cuarenta años de servicio en un remoto poblado de la selva.

Cuando el barco arribó a puerto, una gran multitud estaba allí para vitorear al presidente, pero no había nadie esperando al misionero. Por un momento el siervo de Dios se vio embargado en un sentimiento de alta compasión, pensando: “Cuando un presidente de una nación llega a la patria después de una corta cacería, cientos de personas acuden a saludarle. Pero, Señor; cuando uno de tus misioneros vuelve al hogar después de toda una vida de servicio nadie viene a recibirlo”. De inmediato sintió como si el Señor le susurrara al oído:

       – Pero ¡hijo mío!, todavía no estás llegando al hogar, te faltan aún algunos años.

En muchas ocasiones hemos podido sentir lo mismo que el misionero de la historia; damos lo mejor de nosotros, buscamos servir a Dios, guardar sus mandamientos, vivir correctamente y sin embargo pareciera que no vamos a ningún lado, que nadie reconoce nuestro esfuerzo y que, por el contrario, aquellos que no hacen mucho o que, posiblemente no proceden correctamente, son los que reciben el reconocimiento y parecen avanzar a pasos agigantados.

Sin embargo, nunca debemos olvidar que no pertenecemos a este mundo, que esta vida es sólo un  breve espacio de tiempo comparado con la eternidad; cuando demos el último suspiro aquí habremos llegado a nuestro hogar.

“Señor, recuérdame lo breve que será mi tiempo sobre la tierra. Recuérdame que mis días están contados,  ¡y cuán fugaz es mi vida! La vida que me has dado no es más larga que el ancho de mi mano. Toda mi vida es apenas un instante para ti; cuando mucho, cada uno de nosotros es apenas un suspiro” Salmos 39: 4, 5 NTV

No te desanimes ni retrocedas cuando no veas reconocimientos, la alabanza o elogios de las personas ya que no tienen ningún valor frente a lo que será llegar a nuestra morada celestial porque en esta tierra  todos somos peregrinos y extranjeros.

“Así que no miramos las dificultades que ahora vemos; en cambio, fijamos nuestra vista en cosas que no pueden verse. Pues las cosas que ahora podemos ver pronto se habrán ido, pero las cosas que no podemos ver permanecerán para siempre”. 2 Corintios 4:18 (NTV)

¡Vive para la eternidad!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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