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Existen siete clases de personas a las que Dios no soporta: Las orgullosas, las violentas, las mentirosas, las malvadas, las ansiosas de hacer lo malo, las que mienten en un juicio y las que provocan pleitos familiares.

En el capítulo 10 del libro de Isaías vemos como Dios consumió la gloria del rey de Asiria por ser orgulloso, alardeó diciendo: “Con el poder de mi mano lo he hecho, y con mi sabiduría, porque he sido prudente; quité los territorios de los pueblos, y saqueé sus tesoros, y derribé como valientes a los que estaban sentados; y halló mi mano como nido las riquezas de los pueblos; y como se recogen los huevos abandonados, así me apoderé yo de toda la tierra; y no hubo quien moviese ala, ni abriese su boca”.

El orgullo no trae ningún beneficio a nuestra vida más al contrario, nos aleja de nuestros seres queridos, a causa de él perdemos a buenos amigos y oportunidades que tal vez no las volvamos a tener, nos impide ser felices y tener paz, nos arrebata todas las bendiciones que Dios quiere darnos.

Analicemos los versículos 15 y 16: Ahora bien, ¿puede jactarse el hacha de tener un poder mayor que la persona que la usa? ¿Es la sierra mayor que la persona que corta? ¿Puede golpear una vara a menos que la mueva una mano? ¿Puede caminar solo un bastón de madera? La respuesta a todas estas preguntas es simplemente “No”, porque estas herramientas por sí solas no podrían hacer absolutamente nada si no fuera por la persona quien las usa. Y es que muchas veces, algunos de nosotros hemos querido llevarnos ese honor pensando erróneamente que lo merecíamos por nuestro esfuerzo, inteligencia, apariencia, talento, etc.; olvidando que solo somos instrumentos útiles en las manos de nuestro Hacedor, pero que al final es Él quien merece llevarse la gloria y la honra en cada labor que realizamos.

Tengamos la misma actitud que tuvo Cristo Jesús. Aunque era Dios, no consideró que el ser igual a Dios fuera algo a lo cual aferrarse. En cambio, renunció a sus privilegios divinos; adoptó la humilde posición de un esclavo y nació como un ser humano. Cuando apareció en forma de hombre, se humilló a sí mismo en obediencia a Dios y murió en una cruz como morían los criminales. Por lo tanto, Dios lo elevó al lugar de máximo honor y le dio el nombre que está por encima de todos los demás nombres para que, ante el nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor para la gloria de Dios Padre. Filipenses 2:5-11 (NTV)

Cada mañana no nos olvidemos agradecer y reconocer que todo lo que somos y tenemos se lo debemos a Dios, es por su gracia y su amor que estamos vivos un día más, que estamos sanos, que tenemos una familia, que tenemos un trabajo, que lo servimos en un ministerio, etc. No permitamos que el orgullo y la ingratitud se apoderen de nuestro corazón, alabemos y glorifiquemos cada día su Santo Nombre.

Dado que Dios los eligió para que sean su pueblo santo y amado por él, ustedes tienen que vestirse de tierna compasión, bondad, humildad, gentileza y paciencia. Colosenses 3:12 (NTV)

La actitud correcta para servir a Dios es con gozo, humildad, gratitud y amor.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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