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“Sobre todo, ámense los unos a los otros profundamente, porque el amor cubre multitud de pecados.” 1 Pedro 4:8 (NVI)

Muchos consideran que cuando el amor se acaba, es mejor separarse que seguir en una relación en la cual ambos se lastiman e hieren. Sin embargo el panorama cambia cuando entendemos que el amor matrimonial es alimentado por Dios, quien nos ayuda a obrar con paciencia, misericordia, paz y amor. Por ello es imperativo que Dios siempre sea el que gobierne un matrimonio. Es necesario quitar de nuestra mente el concepto de que el amor puede acabarse, porque si se le da a Dios el primer lugar, Él puede hacer algo nuevo en la relación aún cuando otros no vean una solución posible. 

«Sean siempre humildes, amables, tengan paciencia, sopórtense con amor unos a otros. El Espíritu los ha unido con un vínculo de paz. Hagan todo lo posible por conservar esa unidad, permitiendo que la paz los mantenga unidos.» Efesios 4:2-3 (PDT)

No te dejes llevar por lo que el mundo dice, deja que Dios tome control, para que las heridas sean sanadas y el matrimonio sea complemente restaurado.

«Más valen dos que uno, pues trabajando unidos les va mejor a ambos. Si uno cae, el otro lo levanta. En cambio, al que está solo le va muy mal cuando cae porque no hay quien lo ayude. Si dos se acuestan juntos, se darán calor, pero si alguien duerme solo, no habrá quién lo caliente. Uno solo puede ser vencido, pero dos se defienden mejor. Es que la cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente.» Eclesiastés 4:9-12 (PDT)

Por Danitza Luna


El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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