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El libro de Job registra cómo él sufrió grandes pérdidas, no sólo materiales sino también de sus seres queridos. Pero además enfrentaba una enfermedad que lo aquejaba mucho y en todo esto, dice la Biblia, no pecó contra Dios.

En medio de su aflicción recibió la visita de sus tres amigos, Elifaz, Bildad y Zofar, quienes en vez de alentarlo sólo lo aquejaban. En respuesta a la intervención de su amigo Elifaz, Job respondió: “«Ya escuché todo esto antes, ¡qué consejeros tan miserables son ustedes! ¿Nunca dejarán de decir más que palabrería? ¿Qué los mueve a seguir hablando? Si ustedes estuvieran en mi lugar, yo podría decir lo mismo. Podría lanzar críticas y menear mi cabeza ante ustedes.  Sin embargo, yo les daría palabras de ánimo; intentaría aliviar su dolor.” Job 16: 1-5 NTV

Eso es lo que necesita alguien que está en desconsuelo, palabras de ánimo, que sean de alivio y consuelo a su dolor. Es fácil juzgar y hasta decir que fue consecuencia de algún error o por desobediencia, pero en ese momento uno no necesita ser destruido sino ser levantado.

Cuando tengas la oportunidad de consolar a alguien considera que: “Con misericordia y verdad se corrige el pecado, Y con el temor de Jehová los hombres se apartan del mal.” Proverbios 16:6 (RVR1960)

Sé alguien que aporta al bienestar y no alguien que hunde más, así estarás llevando bendición al corazón necesitado.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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