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Tiempo de lectura: 2 minutos

Nadie puede mirar hacia el pasado sin encontrar cosas de las cuales arrepentirse; se escuchan lamentos de haber perdido oportunidades, de dejar  conflictos sin resolver,  por no realizar proyectos, metas o cumplir ciertos deseos, por lo que terminamos diciendo: “si tan sólo”.

“y al último de todos,  como a un abortivo,  me apareció a mí. Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles,  que no soy digno de ser llamado apóstol,  porque perseguí a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy;  y su gracia no ha sido en vano para conmigo,  antes he trabajado más que todos ellos;  pero no yo,  sino la gracia de Dios conmigo.1 Corintios 15:8-10.

El apóstol Pablo podía haber estado con Jesús desde el principio, podría haber tenido todas las facilidades y oportunidades; pero aborrecía el Evangelio, consideraba a Jesús un blasfemo, por lo que trató de exterminar a los cristianos. Sabía que había  desperdiciado mucho tiempo y  que otros se le adelantaron, pero tuvo la capacidad de seguir adelante y de decir “he trabajado más que ellos aunque no yo sino la gracia de Dios que está conmigo”.

Qué fácil le hubiera sido pasar el resto de su vida en vanos remordimientos acerca del pasado. Él mismo dice: “y por último se me apareció a mí que soy el más insignificante de los apóstoles porque perseguí a la iglesia”. Seguro que lamentaba amargamente todo lo que hizo pero no se pasó el resto de su vida lamentándose, sentado en un rincón y repitiendo “fui el último en entrar ¿Por qué lo hice? ¿Cómo puede haberlo rechazado?”

Si somos cristianos, lo que importa antes que nada, no es lo que hayamos sido, sino lo que ahora somos. “Por la gracia de Dios, soy lo que soy”.  No se puede cambiar el pasado, por tanto, si es un tema que nos aflige repitamos lo siguiente:

“No importa cual haya sido mi pasado “yo soy lo que soy” ¿Quién soy yo? Una persona que ha sido perdonada y reconciliada con Dios por medio de la sangre que su Hijo derramó en la cruz. Soy un hijo de Dios, adoptado en su familia y voy camino a la gloria.”

Lo que importa no es lo que fuiste, por tanto, si el enemigo te ataca recordándote el pasado, vuélvete y dile “todo lo que dices es verdad, yo fui así, pero ya no me interesa lo que fui, sino lo que soy  por la gracia de Dios.”

Si aún no has soltado el pasado, te animo a  ponerte de rodillas para pedirle perdón al Señor de lo que hayas hecho. Él te escucha, te conoce y entiende, por lo que no tienes que seguir ocultándote de Él, es tiempo de empezar de nuevo. ¡Ya no mires atrás, que hay mucho por hacer adelante!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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