Llegar a viejo es una honra; las canas son la corona que se gana por ser honrado.” Proverbios 16:31 (TLA)

De acuerdo a Our World in Data (OWID), la esperanza de vida ha incrementado desde el siglo XVI. En la actualidad, las personas viven en promedio hasta más de 70 años, lo cual representa un gran avance en comparación a los 40 años que se tenía como estimado en 1543. Aunque este dato es alentador, por otra parte, ha generado alarma con respecto al maltrato hacia los adultos mayores.

Las Naciones Unidas estima que entre el 4% y el 6% de las personas mayores de todo el mundo han sufrido alguna forma de abuso y maltrato, ya sea en su propio hogar como en instituciones públicas y privadas. En el 2011, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución que designa el 15 de junio como el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. Esto es con el fin de generar consciencia con respecto al trato a los ancianos.

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En dicha resolución se reconoce que “para 2050, más del 20% de la población mundial tendrá 60 años o más”, lo cual implica que “el aumento del número de personas de edad será mayor y más rápido en el mundo en desarrollo”. Asimismo, ese documento afirma que las personas mayores, sin importar su condición, tiene derechos los mismos derechos absolutos como cualquier otro ser humano.

El respeto entre las personas es algo que no tiene distinción de edad y, especialmente como cristianos, debemos dar el ejemplo en éste y otros aspectos. La Biblia nos insta a respetar a los ancianos (Levítico 19:32) y a no regañarlos, sino más bien a tratarlos con toda pureza y respeto (1 Timoteo 5:1-2). Debemos recordar que envejecer es parte del proceso de la vida, y que debemos tratar a los demás de la misma manera que esperamos ser tratados (Mateo 7:12). Nuestra actitud hacia las personas mayores debe ser de honra y amor; después de todo, cada ser humano es un hijo de Dios, y Él nos ama a todos por igual.

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