En Mateo 25:14-30 se encuentra una parábola muy conocida donde Jesús hace una comparación entre el reino de los cielos y la actitud de un hombre y sus siervos. En la historia, antes de irse de viaje, un hombre le entregó cinco talentos a un siervo, a otro dos, y a otro uno. Cuando regresó de su travesía, pidió que sus siervos le explicaran qué habían hecho con sus talentos. “El que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. El que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.” (v. 17-18, RVR1960) El hombre estuvo complacido con la actitud de los dos primeros siervos, pero recriminó al que había escondido un talento (dinero).

Algunos pueden pensar que la actitud del hombre en la historia es un poco drástica; después de todo, el siervo que recibió un solo talento fue precavido y cuidadoso con lo que se le había encomendado. No obstante, en el versículo 24, el siervo afirma que conocía el carácter de su señor; pese a ello, él escogió no hacer la voluntad de su amo.

El error que cometen los cristianos:

Aquellas personas que ya tienen años en el cristianismo muchas veces caen en el error de hacer lo contrario a lo que Dios espera de ellos. Al igual que el siervo, estos cristianos tienen un conocimiento firme sobre Dios; sin embargo, no ponen en práctica los talentos que recibieron y prefieren pasar una vida pasiva y sin acción.

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En la parábola, los dos siervos que generaron ganancias lo hicieron por medio de los negocios; por otra parte, cuando el amo reclama al tercer siervo, no le exige hacer lo mismo que los demás. En cambio, le sugiere otro método de ganancia igual de efectivo (v. 26-27). Asimismo, Dios no espera que todos desarrollemos nuestros talentos de la misma manera que otros. Lo que a Él le interesa es que no enterremos esos talentos y nos quedemos de brazos cruzados. No podemos hacer la voluntad de nuestro Padre si no estamos dispuestos a ejercer aquello que ya tenemos.

No seas como el siervo que desaprovechó lo que recibió de su señor. Usa tus talentos y da lo mejor para que Dios se muestre a través de todo lo que haces y, al final de todo, tendrás la dicha de ser parte del grupo de siervos fieles que gozan en la presencia del Creador.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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