PACIENCIA | CVCLAVOZ

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¡De inmediato!

¿Cuántas veces “esperar” te ha desesperado?

Aunque se trate de realizar una actividad entretenida como ir al cine, al parque o a un concierto, nos desespera tener que esperar el ingreso porque queremos ser atendidos de inmediato. La realidad es que en diferentes sucesos de nuestra vida tendremos que aprender a ser pacientes, en especial si queremos recibir algo mayor.03

“No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.” Hebreos 10:35-36 (RVR 19960)

Esperar demasiado desanima y a veces se pierde la esperanza, pero el Señor menciona que nuestra confianza tiene un gran premio; por lo que es necesario que seamos pacientes, haciendo la voluntad de Dios para conseguir la promesa.

Por muchos años he orado por la conversión de mi padre, siempre anhelaba verlo bautizarse de blanco y clamaba al Señor todo el tiempo por esta petición. Hace una semana pude festejar con mi familia su bautizo en agua. Esperar no fue fácil, a veces perdía las esperanzas, pero el Señor me ayudó a ser paciente para recibir su hermosa promesa.

“Mirad como el labrador espera el fruto precioso de la tierra siendo paciente en ello hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía”. Santiago 5:7 (RVR 19960)

Si tienes una petición en tu corazón como: la salvación de tu familia, sanidad, ser libre de alguna dependencia u otros, debes ser como el labrador que espera el tiempo de la cosecha, después de haber trabajado tanto para sembrar los frutos. Recuerda que la paciencia tiene un gran premio, por tanto, no te desanimes.

¡No te desesperes! Recuerda que es necesario “esperar” antes de obtener lo que quieres.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

9 características que todo cristiano debe tener

Ser cristiano significa seguir el ejemplo de Jesús. Cuando lo aceptas en tu vida, Dios se convierte en el dueño y Señor de todo lo que tienes; y por lo tanto, tu vida cambia. Gálatas 5:22-23 (TLA) dice: “El Espíritu de Dios nos hace amar a los demás, estar siempre alegres y vivir en paz con todos. Nos hace ser pacientes y amables, y tratar bien a los demás, tener confianza en Dios, ser humildes, y saber controlar nuestros malos deseos. No hay ley que esté en contra de todo esto.” De este versículo se entiende que todo cristiano que verdaderamente tiene a Jesús en su corazón, debe reflejar las siguientes características:

Es imposible que alguien diga que es cristiano y no refleje amor. Esto en sí ya es una contradicción directa, pues, Dios es amor. La Biblia no nos dice que amemos cuando el amor es recíproco, o cuando la otra persona lo merece; sino que amemos a otros de la misma manera en que lo hacemos con nosotros mismos. Sin embargo, para amar a otros, primero debemos amar a Dios. Marcos 12:30 dice: “Ama a tu Dios con todo lo que piensas, con todo lo que eres y con todo lo que vales”, una vez que cumples esa parte, amar a los demás es un simple reflejo de lo que ya llevas dentro: “Cada uno debe amar a su prójimo, como se ama a sí mismo” (v. 31 TLA).

Demostrar alegría no significa sonreír todo el día. Cuando eres cristiano, entiendes que tu lugar no está en la Tierra y que, por lo tanto, las cosas que aquí ocurren son pasajeras. Cada aflicción, problema, tristeza, o preocupación es nada comparado con la eternidad que nos espera. Colosenses 3:2 nos dice que fijemos nuestra atención en lo eternal; y cuando piensas en el cielo que Dios nos tiene preparado, la alegría que Él pone en nuestros corazones se muestra en cada área de nuestra vida.

“Estén siempre llenos de alegría en el Señor. Lo repito, ¡alégrense!” (Filipenses 4:4, NTV).

Ser cristiano no significa estar libre de problemas, sino tener la paz y seguridad de Dios cuando estas cosas ocurren. Juan 16:33 (NTV) dice: “Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo.” Hay muchas técnicas y ejercicios que prometen traernos paz; sin embargo, la paz que Dios da no se iguala a ninguna otra, pues, su paz no es circunstancial, sino que es duradera.

La paciencia es algo que todo cristiano debe reflejar, independientemente de su personalidad. Ser paciente demuestra confianza, esperanza, amor, fe e inteligencia (Proverbios 14:29). Si alguien no es paciente, se puede perder las más grandes bendiciones que Dios tiene para su vida.

Ser amables implica demostrar un genuino interés por la otra persona. Filipenses  2:3-4 (DHH) dice: “..que cada uno considere a los demás como mejores que él mismo. Ninguno busque únicamente su propio bien, sino también el bien de los otros.” Uno puede practicar la amabilidad desde pequeños gestos y esforzarse para hacer que otros vean el fruto del amor que Dios nos da.

Hay distintas maneras de demostrar buen trato y una de ellas es con las palabras. Efesios 4:29 nos advierte que debemos decir palabras que edifiquen a la comunidad y traigan beneficios a quienes las escuchen. Debemos de tratar bien a otros, incluso cuando ellos no hacen lo mismo con nosotros. En Mateo 5:43-44 (TLA) también nos recomienda a orar por aquellos que no nos desean lo mejor: “Amen a sus enemigos y oren por quienes los maltratan. Así demostrarán que actúan como su Padre Dios, que está en el cielo.”

Dios nos pide depositar toda nuestra confianza en Él, sin importar los momentos difíciles que pasemos, así como dice Hebreos 11:1 (TLA): “Confiar en Dios es estar totalmente seguro de que uno va a recibir lo que espera. Es estar convencido de que algo existe, aun cuando no se pueda ver.” Dios sabe recompensar a quienes le tienen fe, pues, al hacerlo le estamos demostrando fidelidad. Al ser fiel a Dios, le estás poniendo por sobre todo lo demás en tu vida; y cuando lo haces, todas las cosas siempre trabajan para bien.

La humildad no puede faltar en los cristianos. Efesios 4:2 (TLA) dice: “Sean humildes, amables y pacientes, y bríndense apoyo, por amor, los unos a los otros.” Ser humilde es aceptar que sin Dios no podemos ser nada, y que, gracias a Él lo tenemos todo. Humildad no es sinónimo de baja autoestima ni pobreza, sino de dejar que Dios sea más importante que nuestro yo.

1 Corintios 10:23 (TLA) dice: “Algunos de ustedes dicen: «Yo soy libre de hacer lo que quiera.» ¡Claro que sí! Pero no todo lo que uno quiere, conviene; ni todo fortalece la vida cristiana.” Dios nos ha dado la libertad para elegir entre el bien y el mal. Cada elección que hagamos tiene una consecuencia. A diferencia de los animales, Dios nos entregó dominio propio para que aprendamos a controlar nuestros malos deseos. Quien necesite ayuda para gobernar sus impulsos, puede acudir a Dios para que Él le dé la fortaleza necesaria.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La tristeza se convertirá en gozo

Juan 16:20 “….pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo….”

Cuantas veces, nos toca vivir tiempos de angustia, tristeza y desolación. Son esos momentos donde no vemos salida en incluso a veces, caemos en el error de compararnos con otros.

Vemos que gente que conocemos prospera, progresa, viven una vida aparentemente feliz, y esto si continúa, nos lleva a pensamientos de desánimo y la consiguiente depresión.

Pero qué bueno es leer, esta promesa bíblica de que la tristeza, se convertirá en gozo.

La Biblia hace una comparación de estos momentos, con los de una mujer que está a punto de parir. Siente dolores cada vez más fuerte, el temor, la ansiedad, la preocupación de que todo salga bien, la angustia etc. Sin embargo cuando nace un nuevo ser, todo este sufrimiento es rápidamente olvidado por la alegría del hijo que nació.

De igual manera sucede en nuestras vidas, nos toca pasar por momentos de dolor y sufrimiento, pero son solo dolores de parto, son señales de que algo nuevo está a punto de nacer en tu vida.

Puede que estés pasando momentos, de angustia, tristeza, y depresión, pero no desmayes, pronto verás el nacimiento de lo que Dios quiere hacer.

Prepárate y vive por adelantado, la alegría de una gran victoria.

Por: Daniel Zangaro.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Cómo calmar a alguien enojado?

En nuestro diario vivir nos encontramos con distintos tipos de personas y debemos tratar de llevarnos bien con todos ellos. Algunos tienen un temperamento muy volátil y pueden enojarse con facilidad; esto puede crear conflictos y problemas cuando no sabemos cómo calmarlos. Si bien cada uno reacciona de distinta manera acorde al origen de su enfado, estos consejos te ayudarán a saber reaccionar cuando tengas que lidiar con alguien enojado.

Mantén la calma:

“La respuesta amable calma el enojo; la respuesta grosera lo enciende más.” Proverbios 15:1 (TLA)

Evita decir palabras que aviven la discusión en vez de aplacarla. Controla tu lengua y escucha con atención. Cuando sea tu turno de responder, hazlo con un tono calmado y tranquilo. De esta manera harás que la otra persona no se exalte y se apacigüe de poco en poco. ¡Recuerda que tus palabras tienen mucho poder!

No digas nada:

“Hasta el tonto pasa por sabio si se calla y mantiene la calma.” Proverbios 17:28 (TLA)

Hay personas que prefieren que se les deje solas cuando están enojadas, y en ocasiones, éste es el mejor remedio. Si ves que alguien necesita de un tiempo para calmarse, déjalo por su cuenta y no intentes presionar en el tema. Una vez que esté tranquilo, verás que pueden volver a conversar sin tener que enojarse.

Busca una solución:

“Si se enojan, no permitan que eso los haga pecar. El enojo no debe durarles todo el día, ni deben darle al diablo oportunidad de tentarlos.” Efesios 4:26-27 (TLA)

Identifica cuál es el origen del enojo de alguien y no hagas más énfasis en ello. En lugar de seguir con el tema o responder a sus ataques, busca soluciones y sugiere tus ideas. No permitas que la situación se haga mayor solo porque continúan enfocándose en el problema; en cambio, orienta la conversación para hallar una salida.

No guardes rencor:

Si ya enojarse es malo, guardar rencor es peor.” Eclesiastés 7:9 (TLA)

Cuando alguien está enfadado se expresa con palabras que no utilizaría normalmente; por lo tanto, no debes creer todo lo que escuches. Deja que la otra persona se exprese y no intentes responder con palabras aún más hirientes. Recuerda que, si lo haces, estarás agrandando el problema en vez de eliminarlo. Evita resentirte o guardar rencor a esa persona y procura conversar con él o ella después que pase su enojo. Esto te ayudará a sentirte libre y perdonar si es necesario.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

No es suficiente

Una mujer decidió emprender un pequeño negocio en la calle vendiendo comida rápida. Cuando empezó a generar ingresos no se conformó con esto, sino que alquiló un lugar grande; como su comida era deliciosa logró crecer rápidamente y decidió comprar su propio comedor, pero no se conformó, actualmente tiene varios restaurantes propios y reconocidos.

Cuando queremos ser mejores en algo no nos conformamos con lo que tenemos, nada es suficiente mientras vas a la cima. De igual forma sucede con un hijo de Dios. La Palabra de Dios dice:

Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.

Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. 2 Pedro 1:5-8

En la vida cristiana el Señor nos pide que seamos cada vez mejores, creciendo y no siendo ociosos e improductivos en la obra de Dios:

Después de creer en Jesucristo como nuestro salvador nos pide añadir a la fe “Virtud” que se define como: excelencia moral, es decir, vivir de acuerdo a los principios bíblicos, la capacidad de hacer lo bueno y lo que es correcto. Ser excelente para Dios.

A la virtud añadir “conocimiento”: Es decir, un interés en saber y comprender en forma práctica los caminos de Dios. No es suficiente escuchar la palabra, sino estudiar, profundizar y practicar.

Al conocimiento añadir “dominio propio”: esta es la capacidad de dominar nuestros impulsos, control, el freno que nos sujeta y nos conduce en la voluntad de Dios.

Agregar “paciencia” es la virtud que hace a las personas tolerar, comprender, padecer y soportar los contratiempos, las enfermedades, las carencias y limitaciones con fortaleza. Es decir, firmeza en la fe a pesar de la prueba y el sufrimiento.
A la paciencia añadir “Piedad” que significa: Reverencia y respeto a Dios. Hacer todas las cosas con una mirada orientada a Dios, vivir sólo para agradarle.

A la piedad añadir “Afecto Fraternal” es decir, un interés genuino por nuestros hermanos. A éste  aumentar el “Amor”. Cuando una persona es capaz de amar como ama Dios está dispuesta a dar la vida por el otro.

Para el que quiere ser mejor nunca es suficiente lo que tiene ¿has empezado a añadir excelencia en lo que haces? ¿Estás practicando lo que aprendes? ¿Cuánto tiempo dedicas al estudio de la palabra de Dios para tu conocimiento? ¡Tenemos muchísimo trabajo por hacer! Te animo a decidir ser mejor y crecer como Dios quiere.

¡Recuerda que las bendiciones no son para los que duermen, sino para los que tienen frutos!

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Auto sacramental

Detrás de púlpitos y plataformas asoman las desnudeces del hombre. La débil talla de los dioses caídos se yergue y circula simple como el agua de los estanques. Las máscaras yacen abandonadas en un rincón. El feble esqueleto de los tinglados se arrumba entre mesas desvencijadas y sillas rotas. Esa es la otra cara de la imagen. El reverso del lustre, de las reverencias y de los títulos nobiliarios liquidados de a tres por mil en la universidad de los inventos. Es la magnífica parafernalia del poder y la fama que asombra a los incautos y adormece las conciencias con milenaria y sutil diligencia.

Las palabras se repiten. Las consignas desatan la emoción de la muchedumbre ahíta de sensaciones y huérfana de toda reflexión. El lugar común, la frase hecha, el argumento predecible, las arengas vibrantes convencen a los últimos renuentes y mete todo en la batidora de la unidad y el destino manifiesto.

En la orilla de los caminos, lejos de cenáculos y asambleas, los pálidos profetas vagabundos reviven las viejas imprecaciones, advierten a los desprevenidos peregrinos, preparan un camino por el que nadie transitará hasta que caigan los muros y las grandes construcciones sean destruidas, hasta que no quede esperanza alguna y ya sea demasiado tarde para las contriciones y los lamentos.

Taumaturgos, prestidigitadores, saltimbanquis, trovadores, colombinas, arlequines, bufones y tahures todavía tienen su agosto disponible en las santas convocaciones. Virtuosos de la alegoría y la anécdota convierten en imágenes de talla las viejas cuestiones fundamentales o las administran en cápsulas solubles en agua para aliviar un rato el dolor de la evidencia, la bofetada de la realidad que se halla justo a la salida de los inmensos edificios.

El cansancio de los dioses todavía no desborda la redoma de la paciencia. A pesar del hartazgo de entonaciones y palabras, de los gritos de la fiesta, queda en la suprema corte alguna esperanza o algún designio secreto que le da todavía algo de tiempo a la sinrazón. Alguna misericordia que permita ver si al menos emerge un vestigio de cordura, un retorno, aunque tenue, a la fortaleza de la antigüedad.

           “Quién nos diera un albergue de caminantes, una cabaña lejana donde restañar la sangre de la conciencia y que pudiésemos llorar sin reproches inoportunos la caída de los emblemas y la tragedia – que es nuestra tragedia – de las almas perdidas…”

Me trataste mal ¡Ahora me vengaré!

José y María eran compañeros de trabajo y amigos. Por distintas circunstancias de la vida comenzaron a tener conflictos que causaron fuertes discusiones entre ellos. Conforme el tiempo pasó, su relación se resquebrajó más y más y llegó al punto de crear fuerte tensión entre ellos. Un día, María fue promovida de cargo y llegó a ser superior en cargo que José. Cuando esto sucedió, ella decidió buscar la manera de vengarse de José.

Este relato ficticio es un ejemplo que nos ayuda a entender lo que sucede con algunas personas. Hay relaciones amicales, de trabajo, sentimentales, etc. que terminan de una manera tan abrupta que son dolorosas y dejan profundas heridas en los involucrados. Esta situación se ve vuelve más compleja cuando uno de los dos adquiere mayor poder sobre el otro y busca venganza.

Tener una posición de poder sobre la persona que nos hirió y querer aprovechar este cargo puede ser una idea tentadora. Pero obtener venganza no produce ninguna satisfacción; sino más bien, genera más hambre de ella. La venganza no cura las heridas, las crea. Y tal vez en el momento en que uno se siente lastimado, crea que el perdón es algo imposible de alcanzar; pero en realidad, es la mejor opción posible. El perdón no es fácil y lleva tiempo; sin embargo, vale la pena.

Si tienes algún problema con alguna persona, procura solucionarlo antes que se multiplique. La venganza no es el mejor recurso para remediar un conflicto. En vez de eso, procura perdonar y pedir perdón. De esta manera no solo estarás reparando las relaciones rotas, sino también sanando las heridas causadas. Después de todo, no puedes pedir perdón si no lo practicas primero con los demás (Mateo 6:14-16).

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Cómo podemos practicar la humildad?

“Vivan en armonía los unos con los otros; compartan penas y alegrías, practiquen el amor fraternal, sean compasivos y humildes.” – 1 Pedro 3:8

Contrario a lo que muchos pueden creer, practicar la humildad no significa tener baja autoestima o tener pocos recursos económicos. En cambio, es la virtud de aceptar que todo lo que somos se lo debemos a nuestro Creador.

1. Los humildes aceptan las críticas:

Saber aceptar los comentarios y críticas de los demás, sin responder de manera hiriente, es una forma de practicar la humildad. Debemos aprender a rescatar lo bueno que trae la crítica, y tomarlo como una lección para mejorar en nuestra vida.

2. Los humildes no buscan la alabanza:

Ser humilde implica hacer las cosas por el acto de hacerlo, no con la intención de recibir alguna recompensa por ello. La humildad es algo que se lleva dentro, no algo que se autoproclama. Si se recibe elogios por un trabajo hecho, debemos recordar que sin importar lo que hagamos, si no está en los planes de Dios, nada sería posible.

3. Los humildes ponen a los demás por delante de sí mismos:

Ayudar a otros, ser compasivos y amables, son acciones de una persona humilde. Jesús fue un ejemplo de ello cuando realizó muchas acciones en favor de los demás, en vez del suyo.

4. Los humildes se aman a sí mismos:

Ser humildes implica conocer nuestro propio valor, pero no por eso creer que somos más que los demás. Dios nos hizo a todos iguales, por lo tanto, no podemos hacer diferencia entre uno y otro. Si Dios nos ama sin discriminación ¿por qué no hacer lo mismo?

5. Los humildes son agradecidos:

Agradecer a los demás por sus acciones, es parte de la práctica de la humildad. Sobre todo, debemos tener en cuenta agradecer a Dios por cada cosa que recibimos sin merecer.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Cómo derrotamos a los gigantes que nos retan?

A diario nos enfrentamos con circunstancias o personas que nos ponen a prueba. ¡Algunos directamente nos atacan! Puede ser un comentario que parece inofensivo o una crítica que no tiene nada de constructiva, pero nos pone a prueba el carácter y la paciencia. Puede ser cuando manejamos y hay personas que están muy distraídas o que tal vez no han practicado el manejo en mucho tiempo.

Cuando me he visto en estas circunstancias no voy a negar que por mucho tiempo reaccionaba como era de esperarse en un ser humano, aún después de haber recibido a Jesús en mi corazón. Todavía de vez en cuando se me sale el temperamento… Y todo para luego sentirme terrible por mi reacción. Porque lo que sucede es que cuando nos molestamos y hasta respondemos feo, o incluso sin responder, pero nos molestamos, nuestro organismo dispara cosas que nos hacen sentir como envenenados. Porque literalmente se nos revuelve la bilis. ¡Eso no es saludable!

He orado mucho por esas situaciones; para que Dios me ayude a no reaccionar de esa manera ante los retos que enfrento a diario. “En el mundo tendrán aflicción; pero confíen, yo he vencido al mundo” Juan 16:33 es la porción de escritura que me recuerda el tamaño de nuestro Dios. Jesús venció la muerte y pagó con Su preciosa sangre la consecuencia de nuestros pecados. Por tanto, cuando hay esos retos que pueden tomarse como nuestros “Gigantes” comparables al gigante que David venció, tengo que recordar que El que vive dentro de mi, es millones de veces más grande y poderoso que cualquier gigante.

Hoy te invito a que cada vez que tengas algo, sea tu carácter, sea el decir mentiras, sea cualquier tipo de adicción, no trates de vencerlo solo o sola. Tienes a un Dios maravilloso, que cuando le abres tu corazón y con humildad le pides que te ayude, siempre te saca adelante.

Jesús es incomparable, es el amor más grande que conocerás y por ese amor, siempre te va a tender la mano en lo que realmente necesites. Recuerda que es tu amigo, cultiva esa amistad y confía en que Él siempre te escucha porque Él siempre está y tiene TODO el poder.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Sin sentido

Un muchacho se hizo un barquito de madera y salió a probarlo en el lago, pero sin darse cuenta, el botecito impulsado por un ligero viento fue más allá de su alcance. Apenado corrió a pedir ayuda a un muchacho mayor, que se hallaba cerca.

Sin decir nada el muchacho empezó a coger piedras y echarlas, al parecer contra el  barquito; el pequeño creyó que nunca tendría su bote otra vez y que el joven al que había acudido se estaba burlando de él; hasta que  se dio cuenta que en vez de tocar el bote cada piedra iba un poco más allá de éste y originaba una pequeña ola que hacía retroceder el barco hacia la orilla.

Cada pedrada estaba calculada, y por último el juguete fue traído al alcance de la mano del niño pequeño, que quedó contento y agradecido con la posesión de su pequeño tesoro.

En ciertas oportunidades vemos cómo nuestros sueños se alejan, cómo las circunstancias parecen ser cada vez más adversas, hasta llegamos a pensar que todo se trata de una broma de mal gusto y cuestionamos a Dios por todo lo que nos sucede.

Sin embargo, igual que en la historia, cuando nos alejamos de Dios o de su propósito para nuestras vidas, Él empieza a lanzar piedritas bien calculadas para rescatarnos, aun cuando pareciera que cada pedrada intenta hundirnos.

No importa cuánto te alejes, Dios no va a permitir que te pierdas, que sigas sin rumbo, pondrá personas y circunstancias que harán las olas necesarias para que vuelvas hacia Él porque su amor no tiene límites, su paciencia con nosotros es grande y su fidelidad es incomprensible.

“El Señor es misericordioso y compasivo, lento para enojarse y lleno de amor inagotable. El Señor es bueno con todos; desborda compasión sobre toda su creación”. Salmos 145:8,9 (NTV)

Dios agotará todos los recursos para que puedas volver a Él, no endurezcas tu corazón ni cierres tus oídos. Si te has equivocado no temas volver a tu Padre y pedirle perdón porque te está esperando con los brazos abiertos.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

No esperes contar hasta 3

Una de las cosas más difíciles e importantes de ser padres, es poder dominar nuestro carácter cuando los hijos empiezan a sobrepasar los límites de conducta.

La paciencia es un estado muy difícil de adoptar cuando estamos frente a algo que nos molesta y que repetitivamente sucede a pesar de que ya intentamos corregirlo.

Al ser padres, cuando más de dos veces nuestro hijo hace algo que no debe hacer podemos llegar a explotar y perder la paciencia; pero aprendí, que no debemos esperar a que la misma llegue a su límite para aplicar una disciplina sino que a la primera falta ya debemos hacerle entender, de la mejor manera, que lo que está haciendo no está bien, para no descargar sobre él toda nuestra ira y rabia. Pero si incurre nuevamente en ella sabrá que recibirá un castigo como consecuencia a su desobediencia.

Algo parecido sucede también con nosotros como hijos de Dios, pues Él nos ha instruido y enseñado de la mejor forma como debemos actuar, y que es lo que no le agrada, pero nosotros lo desobedecemos y cometemos el mismo error y pecado, a pesar de que ya estamos advertidos de las consecuencias.

Necesitamos aprender a ser hijos obedientes, no esperar a llegar a sufrir las consecuencias y el dolor que provocará la actitud errónea. Si Dios nos aplica un correctivo cuando hemos desobedecido, ¿porque volvemos a hacerlo?, ¿estamos esperando al igual que un niño que nuestro Padre reaccione?, Dios no reaccionará humanamente pero no podrá hacer nada para que nos libremos de las consecuencias, ya nos dio libre albedrio para actuar.

Si le pedimos que nos ayude a cambiar de actitud y comenzamos una vida de obediencia, ya no tropezaremos con la misma piedra.

Los padres cuentan hasta tres para reaccionar y dar un correctivo a sus hijos, tú como hijo ¿estás esperando desobedecer más de una vez para tocar fondo y llegar a sufrir las consecuencias?

“Porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere.” Proverbios 3:12 (RVR-1960)

Aún estás a tiempo de actuar como un hijo obediente que no necesita tropezar tres veces para aprender la lección.

 

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¿Quieres ser rico?

¿Te gustaría hacerte rico de la noche a la mañana? Sería genial encontrar un tesoro escondido o ganarse la lotería en especial si estamos al límite económicamente; sin embargo, esto es sólo una posibilidad casi nula.

En sí, la riqueza que perdura es la que se gana con honestidad, trabajo y buena administración, Proverbios 13:11 (TLA) dice: “Lo que fácilmente se gana, fácilmente se acaba; ahorra poco a poco, y un día serás rico.”

Con paciencia se construyen muchas cosas, nada es instantáneo, la idea de éxito sin esfuerzo es una farsa y si funciona es temporal, hay muchas personas que han ganado la lotería alrededor del mundo pero no les ha servido de nada porque no estaban  preparados para llevar una responsabilidad tan grande. Todo empieza en lo poco, como dice Mateo 25:23 “Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.”

Ir poco a poco da buenos resultados juntamente con la diligencia o el trabajo con esmero, y encontramos sabios consejos en la Palabra de Dios: “El alma del perezoso desea, y nada alcanza; mas el alma de los diligentes será prosperada.” Proverbios 13:4 y “Los perezosos pronto se empobrecen; los que se esfuerzan en su trabajo se hacen ricos.” Proverbios 10:4 (NTV)

Y no sólo se trata de ser rico económicamente, sino también de ser una persona rica en personalidad, integra y con virtudes que el Señor nos da; lo que tampoco nace de la noche a la mañana, es un proceso muchas veces largo pero con la garantía que seremos perfeccionados Filipenses 1:6 afirma: “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;”

Si hay algo en tu personalidad que te trae problemas, busca más de Dios y sigue su Palabra.

Seamos pacientes, sigamos el consejo del Señor y pongamos de nuestro esfuerzo para que tengamos la riqueza eterna.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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