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Todos los seres humanos tenemos habilidades naturales, absolutamente todos; incluso la mayoría poseemos más destrezas de las que nos hemos dado cuenta que tenemos. Recordemos la historia de las escrituras acerca de un hombre que antes de partir a un largo viaje llamó a tres de sus empleados para distribuirles sus bienes para que los manejaran en su ausencia. Curiosamente la moneda en curso de aquella época se llamaba “talento”. Así, a uno entregó diez talentos, a otro cinco y al último uno. Al regresar de su travesía los reunió y les pidió cuentas de lo recibido. El primero entregó los diez recibidos más otro tanto que obtuvo al ponerlos a trabajar; el segundo también duplicó su cuota y el tercero simplemente regresó el talento recibido, ya que por temor a perderlo lo guardó hasta el regreso de su patrón.

Démonos cuenta, somos excelentes para algo que aún no hemos intentado. Para descubrirlo sólo debemos atrevernos a practicar actividades nuevas o diferentes. Te invito a atreverte a intentarlo. Quizás requiere retomar gustos, aficiones y prácticas que abandonaste, te aseguro que no te arrepentirás. Al pensar en dones y talentos no pienses solamente en actividades deportivas y artísticas, recuerde que hay muchas otras habilidades que solemos ignorar y que también son importantes y satisfactorias: saber escuchar, dar consejos, analizar situaciones, capacidad de síntesis, aprendizaje de idiomas, facilidad para las relaciones humanas, cocinar, repostería, distinguir e identificar olores, sentido de orientación, manejo de ordenadores o computadoras, tener sentido del humor, coordinar actividades, dirigir gente y muchas otras más…

Regresando a la historia bíblica del hombre que repartió los talentos, éste, al conocer lo que cada uno de sus colaboradores había hecho con lo que les había dado, regresó a los dos primeros todos los talentos que tenían y habían reproducido (a uno veinte y al otro diez). En cuanto al temeroso, simplemente le quitó el bien y se lo entregó al que tenía veinte. La lección es sencilla, las habilidades que poseemos son regalos de parte de Dios para que las utilicemos, no para esconderlas. Cuando las usamos se reproducen y cada vez poseemos más o somos más diestros.

No permitamos que el miedo, la vergüenza o el conformismo nos impidan disfrutar de todas las destrezas que hemos recibido. Estoy convencido que nuestros talentos tienen mucho que ver con el disfrute de la vida e incluso ingresos que podemos generar. A fin de cuentas, quien es bueno en algo lo disfruta y lo hace bien y cuando esa combinación aparece, por lo general lo que se produce es avance y expansión en todas las áreas de tu vida.

 

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