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Acabo de leer una devoción donde hablan de una fe ofensiva. Y es absolutamente cierto. Tantas veces que he querido hablarle a muchas personas de Jesús, y ¡siento como que las estoy ofendiendo! Les cuesta dejar sus costumbres, aunque sepan que no son buenas.

Creer en Jesús, para esas personas, resulta incómodo, demasiado estricto. Y sí es; Él fue muy claro al hablarnos y al dejarnos su guía para esta vida, la Biblia. Dios no tiene términos grisáceos cuando del bien y el mal se trata. Si hay duda de que algo esté bien en nuestra mente o nuestro corazón, es porque NO está bien.

Pero la mayoría de las personas prefieren la comodidad de hacer lo que les venga en gana y solo buscar a Dios cuando les llegan las consecuencias de esas decisiones que tomaron aunque sabían que podían meterse en problemas. Les molesta mucho más aún que les digamos que ciertos hábitos o tendencias son pecado.

Comprometerse a dejar de lado sus vicios, sus malas decisiones en cuanto a su vida personal y de pareja, sus malos hábitos, (sus pecados), les parece molesto y por eso cuando uno les habla de hacerse Cristianos, lo primero que dicen puede ser: “yo haré eso cuando esté mayor y cansado o cansada de hacer y deshacer”. Sin importarles cuántos dolores de cabeza, cuántas roturas de corazón y heridas pudieran evitarse tomando la decisión ahora mismo. Es lo que dicen: “nadie experimenta por cabeza ajena”. Es triste, porque cuando llegamos a entender el amor de Dios y la libertad que nos da recibirlo en nuestro corazón, siempre sentimos pesar de no haber tomado la decisión mucho antes. Más nos vale estar preparados para el regreso de Jesús. Recomiendo leer Eclesiastés 12:1

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