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Tiempo de lectura: 3 minutos

Cuando hablamos de identidad, inmediatamente pensamos en una identificación con foto, que confirma quiénes somos y de donde procedemos. Ella comprueba nuestra existencia y afirma que tenemos acceso para convivir en un país o ciudad. Puede ser utilizada para estudiar, comprar, conducir, viajar o hasta votar en temporada electoral.  Puede diseñarse de varios estilos y puede proveer valiosa información para las entidades gubernamentales o sociales.

Con la llegada sin precedente de la tecnología, la identidad humana enfrenta un alto riesgo de ser hurtada y manipulada, afectando a millones de personas en el mundo entero. En lo natural, la identidad se demuestra y evidencia con nuestro apellido, nuestro país y donde podemos estar ubicados. Pero es vulnerable, y en muchas ocasiones puede ser falsamente reproducida y despojada en minutos.

Un hombre llamado Pablo en el Nuevo Testamento, quien experimentó un cambio de identidad, pero de nivel espiritual, relata en Efesios 1:11-14 (NVI) lo siguiente: “…en Cristo también fuimos hechos herederos, pues fuimos predestinados según el plan de aquel que hace todas las cosas conforme al designio de su voluntad, a fin de que nosotros, que ya hemos puesto nuestra esperanza en Cristo, seamos para alabanza de su gloria. En él también ustedes, cuando oyeron el mensaje de la verdad, el evangelio que les trajo la salvación, y lo creyeron, fueron marcados con el sello que es el Espíritu Santo prometido. Este garantiza nuestra herencia hasta que llegue la redención final del pueblo adquirido por Dios, para alabanza de su gloria”.

Mi identidad en Cristo, consiste en ejercer mi confianza en su Palabra y sus promesas.  Es vivir convencido que Dios quiere bendecirme, desea guiarme y anhela cuidarme. También espera que yo esté dispuesto a ser usado por El para que otros conozcan su reino y justicia. Me atrevo afirmar que una cosa es lo que Dios quiere hacer en mi vida, y otra cosa es lo que Dios quiere hacer en otros a través de mi vida.   Así lo explica muy claramente el póstulado bíblico en Romanos 10:8-11 “… la Palabra está cerca de ti; la tienes en la boca y en el corazón.  Esta es la palabra de fe que predicamos; que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo.  Por qué con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo. Así dice la escritura: «todo el que confíe en él no será jamás defraudado”.

Tu y yo hemos sido integrados a una nueva familia, en donde tenemos plena participación de la herencia eterna que otorgó la decisión de Cristo de transformarnos por petición de Dios.  Por causa de su acción redentora tenemos nueva identidad, y acceso ilimitado para llegar a cualquier lugar del planeta sin restricciones territoriales ni espirituales. No es requerido pasaporte alguno, y mucho menos comprobación de información personal.  Nuestro código que nos identifica tiene registración perpetua y es muy posible que con el tiempo muchos no puedan reconocerlo aunque seamos los mismos físicamente.  Extraordinariamente lo expone la 2da carta apostólica escrita a los creyentes en Corinto, expecificamente en el capítulo 5: 17 “… de modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura (nueva creación) es; las cosas viejas pasaron, ahora han sido hechas nuevas” (NBLH).

No importa si tienes pasaporte o tu cédula, te invito a recordadr con toda convicción que tu identidad está protegida por el reino de Dios. CVCLAVOZ

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¡Lo mejor de la vida para ti y los tuyos!

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