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Juzgar a las personas por su apariencia física se ha vuelto muy común en nuestra sociedad. En este video, un mendigo harapiento y hambriento duerme cada día en la puerta de un negocio. El dueño lo echa cada mañana con un método diferente, casi siempre con brutalidad y muy enojado. Hasta que un día el mendigo desaparece y el dueño de la tienda se sorprende e investiga la razón de su ausencia.

«Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables.» 1 Pedro 3:8

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