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Tiempo de lectura: 2 minutos

Muchas veces desestimamos o nos olvidamos del gran poder de la oración. Evidentemente no hablo de que sea un poder que nosotros tenemos. Es el poder que proviene de la conexión con Dios, de la fe que ponemos en ese maravilloso Creador que sabemos que tiene el poder para hacer lo que Él desee. Y como es lo que Él desee, también llega en Su tiempo y de acuerdo a Su voluntad.

A mi me gusta dedicarle tiempo a Dios todos los días. Me encantaría poderlo escuchar claramente, Su voz… como hay personas que dicen escucharla, pero me da mucha paz, me hace sentir bien y eso hace que mi día, cada día sea mejor.

Cuando comencé en mi iglesia, Calvary Chapel Miami, nos estuvimos reuniendo por mucho tiempo para orar cada mañana a las seis de la mañana, y eso me dejó acostumbrada. Me levanto conversando con Él. Primero que nada agradeciendo Su bondad y tantas bendiciones que nos otorga a diario. Si tengo alguna inquietud, la pongo ante Él, la dejo en Sus manos. Tenemos ese privilegio de conectarnos directamente con Él desde que se rompió el velo del templo cuando Jesús entregó Su vida por nosotros.

Uno de los pasajes Bíblicos que siempre que lo leo o lo escucho me impacta es el de Esther, cuando pide a su pueblo que ayunen y oren por ella, y su frase de cierre: “¡Y si perezco, que perezca!” Es maravilloso tener esa prueba del amor de Dios por Su gente. Somos Su gente, Somos Su pueblo, somos Sus elegidos. Debemos confiar en Él. Cuando pedimos algo en oración, debemos estar conscientes del poder de Dios. Y convencidos de que si Dios no da la respuesta que esperamos es porque va a dar una mejor.

Hay motivos por los que oramos y pareciera que pasan los años y no hay cambios. Dios tiene Sus razones para no responder. Más adelante es posible que nosotros también nos enteremos del por qué había que esperar.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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