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En mis tiempos de adolescente recuerdo ver unos cuantos episodios de la histórica batalla de boxeo entre el panameño Roberto Durán y el estadounidense Sugar Ray Leonard.  La pelea es recordada más por la expresión del boxeador latino que por la eficaz demostración del norteño.  Todavía pensar me trae el recuerdo del desenlace final de aquella revancha entre ambos.

Ante una ofensiva efectiva de golpes y una velocidad sin precedente de parte del oponente, el señor Durán le dijo al árbitro en el cuadrilátero la expresión que el mundo del boxeo recuerda hasta hoy: “No más”.

En la vida también enfrentamos grandes batallas que en muchas ocasiones nos acorralan y en algunos momentos presionan para que gritemos “No más”. Situaciones fuera de nuestro control o sucesos que no podemos evitar pueden inducirnos a desear decir “No soporto más” o “Me rindo”.  Puede ser que ante otros problemas producto de las decisiones que hemos tomado seamos tentados a ceder y rendirnos.

Una de las mejores enseñanzas pastorales sobre el tema proviene del predicador Charles F. Stanley.  El menciona que expresiones como “Renuncio”, pueden afectar profundamente la vida de otros, así como la nuestra. Tomaré una parte de un interesante consejo que nos regala en uno de sus múltiples estudios bíblicos que nos ayudará a superar el dolor y la angustia que produce el decidir no seguir.  Aquí 3 factores importantes que pueden causar estos sentimientos de derrota:

1-El poder y la influencia que ejercen las fuerza del mal para desanimarnos y hacernos impotentes para que seamos menos efectivos para Dios.

2-Se necesita la dirección divina si queremos diferenciarnos del pensamiento negativo que contradice el mensaje de esperanza de Dios.

3-La tendencia innata de hacer lo que nos haga sentir bien, sin enfrentar sacrificios ni que traiga conflictos.

Al reflexionar en los consejos del Dr. Stanley, llego a la conclusión de lo frágil que es nuestra naturaleza ante el ataque del reino del mal.  Sin pretender exaltarlo, no podemos ignorar su realidad, su intencionalidad y su empeño para que quitemos nuestro enfoque de la renovadora Palabra Divina.

Ante el desanimo y la inclinación a decir “No más”, corramos a su Presencia y vivamos bajo su ilimitada Gracia.

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