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Tiempo de lectura: 2 minutos

Se nos ha dicho que la fe mueve montañas y que si creemos todo va estar bien, pero son en los momentos difíciles de la vida cuando nos cuesta tener fe. Esto se debe a que deseamos que los cambios se den ¡ya! y más cuando la espera puede ser larga en lo que llega la sanidad de una enfermedad; el cambio tan anhelado de tu cónyuge, la restauración de tu matrimonio, la oportunidad de un trabajo, mayores ingresos, superar la pérdida de un ser querido, o la llegada de una buena pareja sentimental.

Nada me ha impactado más que la historia de Pepper Flynt Busbee, el niño protagónico de la película “Little boy”, quien por amor a su padre estaba dispuesto hacer lo que sea por hacer cumplir su sueño: traer a su padre de regreso, quien se había ido a la guerra contra Japón.

El niño no sabía cómo, pero era tal el anhelo de su corazón que mediante una plática con su guía espiritual le preguntó si Dios podía hacer que su papá volviera a casa, entonces le respondió, mira “Si tuvieras fe como un grano de mostaza, le dirías a la montaña, muévete, y ésta se moverá”.

Asombrado el niño preguntó: entonces ¿Cómo puedo tener más fe?, y la primera instrucción fue hazte amigo de tu enemigo.

Aunque es una respuesta acertada, también es muy retadora, porque no todos están dispuesto a ganarse a la gente que no les cae bien, con las que tienen diferencias o simplemente son difíciles de tratar.

Pero si logras hacerte amiga de la persona más difícil de tratar, verás cómo no sólo creces en fe, si no también en humildad, paciencia y amor al prójimo.

No importa por la situación que estás pasando, o en la sala de espera que te encuentras, si aplicas este principio de acercarte y ganarte a la gente difícil, el primer milagro que habrás logrado es en ti, por los cambios que empiezas hacer en tu persona.

En las escrituras nos enseña que “También nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” Romanos 5:3-5

Si deseas caminar en fe, empieza por demostrar el amor de Dios en tu vida a los demás, sin hacer excepción de personas. Ama, preocúpate por sus necesidades y cree en la gente, y verás cómo hasta la persona más difícil de tratar, tarde o temprano responde a tu amabilidad.

Nadie dice que hacer eso es fácil, pero entre más lo practiques, te hará amable y generosa, y ya no estarás tan preocupada en tus propios intereses, si no en ayudar a los demás acercarse a Dios y sentirse mejor.

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