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¡Cuán difícil es ceder las riendas! Nosotros los seres humanos en principio queremos estar siempre en control, y luego, sentimos que podemos arreglar mejor las cosas que otros… muchas veces  hasta pensamos que las podemos arreglar mejor que Dios. Asombroso como pueda sonar, cuántas veces no hemos escuchado a la gente una y otra vez decir que no entienden cómo Dios permite algo. Al cuestionar de esa manera, están implicando que si ellos fueran Dios no lo harían así. ¡Piensan que lo harían mejor!

Más aún cuando nos va muy mal económicamente o cuando se nos muere alguien a quien queremos mucho y nos duele tanto. Ahí es cuando más nos cuesta ponernos en manos de Dios y simplemente decirle: “Hágase Tu voluntad”. La nuestra definitivamente no habría sido esa, no hubiéramos querido que nuestra persona amada muriera, no hubiéramos querido pasar por crisis económicas, por rupturas de relaciones, en fin…

Pero tenemos que analizar esa voluntad nuestra y dejarla a un lado y entender que Sus pensamientos son más altos que los nuestros como dice la Biblia en Isaías 55:9.

Ejerzamos nuestra maravillosa fe, mediante la cual hemos sido salvos y por la cual creemos en ese maravilloso Dios, y demos las riendas a Él sin cuestionarlo.

Aunque no lo entendamos, aunque no nos guste, soltemos las riendas, pues Él es Dios y nosotros no.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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