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Tiempo de lectura: 2 minutos

A las damas nos gusta identificarnos con la Reina Ester.  Esa Hermosa chica que llego al palacio y a pesar de su humilde origen conquisto el corazón del rey. Un propósito divino para eventualmente salvar al pueblo de Israel. La historia es hermosa llena de romance, pasiones, tramas y villanos con un desenlace feliz.  Esos desenlaces le pertenecen a todos los que hemos creído en Dios y apostado todo por seguir a Jesús su hijo.  Sin embargo no todas las historias son como la de Ester.  Hubo otra mujer que a pesar de tener también un final feliz su proceso para llegar fue muy diferente al de la Reina Ester. Su nombre fue Rut.

A diferencia de Ester, Rut era una mujer, había perdido a su esposo y había decidido seguir a su suegra a un futuro incierto. No la llevaron a un palacio para afeitarla, perfumarla, y adornarla para un encuentro previamente  ordenado con el Rey. No a Rut le toco otra parte. Su hermoso corazón la llevo a seguir y servir a su anciana suegra y trabajar duro para ganarse el alimento de las dos.  “Te ruego que me dejes ir al campo y recogeré espigas…” le dijo Rut a su suegra Noemí, imagínate le estaba rogando que la dejara trabajar!

Cuando fue la última vez que rogaste para que te dejaran servir en algún área fuera de la vista del público, recogiendo espigas lejos del altar o la tarima? Uno de esos lugares donde solo Dios te ve servir.

Rut servía. Ella trabajo duramente, tanto que los segadores que la vieron llegar pudieron dar fe de su esfuerzo cuando llego Booz el dueño de aquellas tierras. Le contaron que ella “esta desde por la mañana hasta ahora, sin descansar ni aun por un momento”.  ¿Te imaginas la impresión que se habrá llevado Booz?  No solo le contaron lo esforzada que era, sino también  la razón por lo cual lo hacía. Rut trabajaba duro para ayudar a su anciana suegra a salir adelante.

Estoy segura que Booz quedo sorprendido, de encontrar a una mujer que no le importaba trabajar por horas para ayudar a otro, el mismo le dijo “he sabido todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu marido…” sus palabras daban testimonio de que no es en vano servir desinteresadamente. Su buena reputación la precedía. Lo mismo sucede cuando sirves, Dios que está observando tu actitud se encargara de hacerte publicidad.

No te preocupes por ser reconocido por el hombre simplemente sirve desinteresadamente, y confía en que tu Padre que está en los cielos que ve lo que haces en secreto te recompensara en público.

Rut termino siendo la esposa del dueño de aquel lugar  aunque su intención nunca fue esa. Ella llego a aquel lugar para servir y ser de bendición a otros, pero Dios  se ocupo de que sus virtudes fueran reconocidas por un hombre que sabía valorar un corazón humilde, desinteresado y unas manos esforzadas.

Confía que Dios sabe honrar a los que le honran.

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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